viernes, 15 de junio de 2018

IV. Intimos desconocidos


Pasá, dijo él. Y ahí estaba ella, parada frente a la repisa de discos, libros, adornitos; el balcón aterrazado, la lámpara, la mesita ratona. Entrar a la casa de alguien por primera vez es empezar a conocer de verdad a esa persona. Sólo hay que saber mirar.
Pasó la prueba del gato sin problemas, lo acarició y a los dos segundos lo tenía ronroneando hecho un bollito al lado suyo. Él apuntó el dato, aunque no dijo una palabra.
Ya estaban a los besos, entreverados en el sillón, la ropa tirada al otro lado del living, cuando ella recordó que no era el día indicado. Tarde para recatos, todo terminó en un baño de sangre. Literal.
De pronto las corridas y en medio del caos otra vez la magia. Un momento plagado de gestos de confianza, de esa íntima familiaridad que tienen las parejas: ella lavándole la remera, él ordenando el cuarto, ella al teléfono paseándose en bombacha por la cocina, él desayunando de parado, ella robándole con la lengua cereales de su boca, para besarlo de nuevo. No parecía ser la primera vez, pero era.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor


No hay comentarios:

Publicar un comentario