lunes, 29 de septiembre de 2014

La banalidad del aborto

"Puedo decir con sinceridad que el aborto fue una de las decisiones menos difíciles de mi vida. No peco de frivolidad al decir que tardé más tiempo en decidir qué mesada ponía en la cocina que si estaba preparada para ser responsable de un futuro ser humano el resto de mi vida” confiesa Caitlin Moran en su libro Cómo ser mujer. Y desata un escándalo en mi cabeza.

Foto: La Garganta Poderosa
Ojos abiertos, desorbitados y la birome que subraya frenética todo el párrafo. Más envidiosa que indignada por su revelación a bocajarro, me pregunto cómo se logra decir semejante bestialidad tan a la ligera sin temer que te salte encima la horda “pro vida” y te escrache con un juicio moral en la vía pública.

Sigo atónita. “Ni por un segundo pienso que debería tener este bebé. No tengo ningún dilema, ninguna decisión terrible que tomar. Se con serena certeza que no quiero otro niño ahora, del mismo modo que se que no quiero ir a la India, ni ser rubia, ni disparar un arma”.

Hicimos los deberes como feministas. Suscribimos a la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Apoyamos el abrazo al Congreso para que de una vez haya un debate serio y no se cajonee el proyecto de legalización. Repetimos la cifra del espanto como un mantra: Medio millón de abortos al año, se calculan, sólo en Argentina. Pero nos sobra recato para gritar que queremos decidir sobre nuestro propio cuerpo. Y si la que lo dice lleva puesta una panza de siete meses, agarrate Sofía. "Yo, más que a favor del aborto, estoy en contra del aborto clandestino", sostuvo la hija de Moria para después aclarar: "Yo nunca aborté pero porque tengo la posibilidad de elegir. Tengo la posibilidad de prevenir, de informarme, tengo una educación sexual necesaria y por eso no llegué a esa instancia. Pero no todo el mundo está en esas condiciones".

Tremenda repercusión mediática y eso que no se metió con el puñado de mujeres que sí sabíamos cómo cuidarnos, que tenemos secundario completo, facultad, años de terapia y controles ginecológicos regulares, y de todas maneras, por un error fatal, nos embarazamos y dijimos No.

Primero lo urgente. Dar respuesta a la enorme cantidad de mujeres que atravesó el horror teniendo que recurrir a tugurios clandestinos sin las mínimas condiciones de seguridad y asepsia, desangrándose, infectadas, aterradas y criminalizadas por el sólo hecho de haber decidido que no querían ser madres. Porque la estadística oficial marca que en nuestro país cada año mueren 100 mujeres por prácticas de abortos inseguros. Pero el debate admite, o mejor, necesita también indagar sobre el dilema moral que implica el aborto. Qué tal si dejáramos de plantearlo como algo indefectiblemente traumático, esa especie de salvedad cada vez que se nombra la mala palabra “es terrible, ninguna mujer pasa por esto a la ligera”.

Retomamos el subrayado furioso sobre el libro de Caitlin, manual de Cómo ser Mujer, página 311. Abortos “buenos” y “malos”. Una adolescente violada y/o una madre cuya vida peligra por el embarazo tienen permitido el aborto. Casi que podrían lograr no quedar estigmatizadas. Del lado oscuro aparecen los abortos reincidentes, o abortos en avanzado estado de gestación, o peor aún provenientes de mujeres-madres que deciden abortar. Esas son lo peor.


¿Y si no, qué? Si admitimos en voz clara y a los gritos que la decisión fue simple, a secas (sin lágrimas) y del todo racional. Un trámite que nos hubiese encantado no haber tenido que hacer, y aun así no hay un dejo de nostalgia por esos escarpines que no quisimos tejer. 

Valeria Sampedro.

martes, 23 de septiembre de 2014

El patriarcado estético, o como nos quemaron la cabeza II. DEPILACIÓN A LA CARTA

Frida debe haber sido la única. Llevar el bigote con suficiencia es algo que no nos fue dado al resto de las mujeres sobre la faz de la tierra. Excepto Flor de la V.

Estás hablando con alguien, no importa, una amiga, la vendedora, la recepcionista del consultorio, una compañera de facultad, con tu propia tía y la maldita no te mira a los ojos. De pronto fija su vista justo al costado de tu boca, en la comisura, abre los ojos grandes y ahí se queda, como extasiada mientras vos gesticulas en un limbo que ya nadie escucha, ni vos misma, porque sabes, está claro que esa yegua está mirándote la sombra, la pelusa, tu bozo.

El pelo como una malformación. El enemigo público al que hay que eliminar como sea, no importa si quema, si duele, si te lastima hasta sangrar. Lo que importa es que no esté. Por ellos, pero sobre todo por nosotras, o mejor dicho por ellas (las exégetas del patriarcado). Porque podes tener un poco de celulitis, ok. Pero ¡depilate sucia! ¿O sos feminista?

Los campos de concentración de belleza, también llamados centros de estética te arman combos en seis cuotas sin interés. Y si pagas en efectivo hay descuento: pierna entera-cavado profundo-brazos-tira de cola, todo por trescientos mangos. Al mes.

Las que resistimos en la intimidad nos volvemos militantes en invierno –poniendo a prueba ya que estamos la fidelidad y amor de novios/maridos- y cedemos ante la presión y los avisos de desodorante Dove con axilas como pétalos de rosa.

Pao Lin, amiga virtual y activista lesbitransfeminista (si, las tiene todas y por si fuera poco se dejó la barba!!) hace poco escribió una columna buenísima en Las 12 sobre su chiva incipiente y el regodeo ante el espanto de los otros. “La no depilación coloca a la mujer en el ámbito de la monstruosidad, o la desplaza al lugar de fenómeno de circo. Vivir sin ceder a las presiones de las distintas ofertas de depilación definitiva o temporal es una lucha cotidiana en cualquier ámbito, y la depilación, cuando es una práctica obligatoria, se convierte en una forma más de imponer violencia sobre los cuerpos de las mujeres”.

La verdadera revolución feminista, la batalla final con la que daremos la estocada será ese día en que salgamos en minifalda sin necesidad de haber pasado inmediatamente antes por la prestobarba.

Valeria Sampedro.

viernes, 12 de septiembre de 2014

El patriarcado estético, o cómo nos quemaron la cabeza.

Yo mujer. Yo feminista, libertaria de almas cosificadas salgo a la calle -dedo acusador en alto- y tomo nota. Necesito material para mi blog. Publicidades sexistas, incumplimiento de la ley de talles, pegatina prostibularia, piropos acosadores. 
El periodismo de denuncia me sienta bien.

Agazapada frente a la vidriera de un local de lencería, mientras apunto mi diatriba en contra de los push up y las tanguitas cinthia fernandez, se aparece Griselda reflejada en la marquesina de la parada del 39. Es la cara de la nueva línea de ropa interior Selú. La ves, la escrutas -cada centímetro de ese pedazo enorme de afiche- y se te dibuja una mueca maligna, un extraño regodeo ante la textura de una piel sin photoshop: lunares, un pliegue, el asomo de una estría. De pronto algo incomoda. Doblemente me incomoda. No tanto que la Siciliani tenga imperfecciones, sino ¡que Selú decida mostrármelas!

Qué clase de síndrome de Estocolmo me hace sentir estafada si mi celebrity se atreve a exhibir un rollo. Porque podemos soportar a un puñado de señoras gordas jugando a ser modelos por un día y haciéndonos creer que el mundo fashion tomó conciencia de los estragos que viene haciendo en nuestras cabezas -la chusma de peluquería que llevamos dentro celebra la idea de un desfile con mujeres reales una vez al año y auspiciado por el suplemento femenino del diario- pero déjennos seguir creyendo que esos culos de tapa son posibles. Si esto es una utopía… quiero morir en ella!

El sociólogo Pierre Bourdieu habla sobre ese estado permanente de inseguridad corporal y lo llama alienación simbólica. El daño está hecho. Queda el escarnio público. O salir corriendo a abrazar a Griselda por su valentía, por su insolencia y su autoestima. Gracias Gri.

Valeria Sampedro.

martes, 19 de agosto de 2014

Matías Martin y el dolor ejemplar

El gancho surtió efecto. El debut del nuevo programa de Matías Martin en la TV Pública no pasó inadvertido con Tití Fernandez como invitado.
Copio una columna que refleja mucho de lo que sentí durante esa primera entrevista. A veces pasa que otro pone en palabras algo que vos nosabes bien definir...

de Hernan Firpo. (Clarín)
A ver, que se entienda bien: nadie hubiera invitado a ningún primer programa de entrevistas al bueno de Tití Fernández. Nadie al menos hasta ese día de julio en que murió su hija durante un accidente de tránsito en Brasil.
¿Es eso lo que me demora frente a la pantalla, frente a Línea de tiempo, que empezó el lunes? ¿Es eso o es mi insana pasión por los códigos del fútbol? ¿Es eso, o es la vibración que nos provocan los detrás de escena (desde Gran Hermano para acá?)
Uno seguro que piensa esto porque tiene la cabeza quemada de rating y no entiende que un primer envío de entrevistas mano a mano tenga como protagonista a Tití. Periodista como sos, decís: un crack el productor del programa. Y lo decís porque quien haya sido supo sacar de la manga un personaje destemplado de nuestra enorme caja de resonancia morbosa.
Te quedas ahí, clavado en el 7, que también es una pantalla pública, y como todas las pantallas públicas, no debe competir. Y sí lo hace, pensás, es por mérito propio. Después leés que el programa hizo algo así como tres puntos, un aconcagua para el promedio del canal.
Y te quedás mirando porque hace menos de dos meses que este señor tan querible sufrió la pérdida más drástica de su vida y de cualquier vida. O sea, una verdadera tragedia. ¿Estás aquí esperando el momento? ¿ El momento de qué? ¿De que un hombre duro se quiebre por completo mientras el periodista, el genial Matías Martin, se aproxime bellamente guiado por la escucha? ¿Qué acantilado espero? ¿Tan hecho pelota estoy? ¿Es eso, o me demoro a la espera de que cuente alguna anécdota del Turu Flores? No hay muchas otras opciones. Al menos no las hay en relación a la expectativa de un primer programa.
El morbo nos hizo de goma. Ahí viene el momento. Llega con una naturalidad increíble. Matías es un conductor ultra fino, el Príncipe de la FM. Y llega donde vos sabés que va a llegar, pero lo hace de la manera menos pensada, encadenando el diálogo, pero sin convertir la puesta en una charla de café. Un milagro de la fluidez, Matías escucha, pregunta y Tití ya está metido casi sin que uno se dé cuenta. Un hombre bueno con una pérdida irreparable y la historia de vida..
Uno aprende que al dolor, ciertos dolores, no hay que salir a buscarlos con ninguna música incidental de pianito. De antemano, lo único que sabías era que la muerte de un hijo es un dolor ejemplar. Lo repetís por escrito: la muerte de un hijo es un dolor ejemplar.
¿Era eso?

miércoles, 13 de agosto de 2014

Eva tiene dos mamas

Una historia conmovedora.
Dos mujeres con vidas heterosexuales, se enamoran y deciden armar una familia juntas.
Tienen a Eva (por inseminacion) y a los cinco años se separan.
La madre biológica de Eva vuelve a armar pareja (otra vez heterosexual) y pretende borrar su pasado gay. Desde entonces no la deja a Eva tener contacto con su mama Moni.
La justicia dice que no puede hacer nada, que al no ser la madre biologica y no figurar en la partida de nacimiento (la anotaron como hija de madre soltera, ya que entonces no existia otra posibildad)  no se puede hacer nada.

Aca el link de la nota publicada en TN (13/08/2014)
Eva tiene dos mamas

viernes, 8 de agosto de 2014

Gajes del oficio (Mujeres en los medios)

Hay que depilar esas cejas. Todavía recuerdo la cara de Puga –entonces jefe de maquillaje y vestuario de canal 13- cuando me vio entrar a su sala. Era mi primer día de trabajo y su gesto de espanto ante mi vellosidad facial hizo que comprendiera todo: si quería triunfar en la televisión debía correr al gabinete de cera negra (al que vuelvo religiosamente cada quince días, desde hace 8 años). Depilación y tintura gratis. Cremas, ropa, zapatos. Todo gratis. Encaré este noble oficio al calor de la libertad de empresa. Los canjes no me dejan mentir. Al principio, también nos daban un voucher mensual de Yenny por dos libros. Pronto se dieron cuenta de que lo importante es la belleza exterior.

El ser y la Nara. Es fácil pegarle a Wanda. El cuaderno de apuntes garabatea explicaciones sobre el lugar que ocupa la mujer en los medios y Wanda se aparece como un grano, de esos que acaparan toda tu atención y no te dejan pensar mientras no los estrujes hasta dejarlos secos. Si hay un lugar donde la emancipación femenina ha ido lenta y despareja es en el terreno mediático. Y excede largamente la cultura botinera.
¡Claro que estamos mejor! Si pensamos que hace poco más de medio siglo ni votar podíamos. Ahora tenemos voz y botox. Y si se filtra una foto tuya en tanga casi seguro te convocan como panelista. Mientras tanto, un puñado de nombres propios: Luciana Geuna investiga a fondo el caso Ciccone, pero no puede evitar que Jorge “su jefe” Lanata le diga tarada. Pamela David se sacude su pasado hot de chica-reality y presentadora en Playboy tv (¡PamelaSex se llamaba su programa!) con un magazine matinal en el canal de su marido. Carla Conte logró redimirse después de ponerle los puntos a Tinelli con el jueguito del corte de polleras. Paula Trapani todavía lamenta haber dejado el noticiero por la pista de baile y confirma asistencia a cuanto evento garantice la presencia de al menos dos fotógrafos. La Negra Vernaci opera como letrina y excepción, 28 años ininterrumpidos con programa propio a fuerza de volverse uno más en el vestuario de hombres que es la Rock&Pop -el mismísimo Pergolini llegó a ruborizarse con sus guarradas, claro que en cuanto fue nombrado gerente de programación la sacó del aire-.
Los medios no pueden darnos un mejor lugar que el que la sociedad nos concede, dice Adriana Amado Suárez, una experta en el tema. Doctora en Ciencias Sociales, Adriana escribió en 2004 “La mujer del medio” (Editorial Centro Cultural Rojas) luego de una sobredosis de rayos catódicos que la llevó a hablar de periodistas de decoración. En aquel momento había muy pocas conductoras, las mujeres eran más bien acompañantes con un rol accesorio, aportando la cuota de sensibilidad y belleza. Se priorizaba más la estética que la ética de lo femenino, sostiene.
¿Las conductoras de noticieros dedicarán más tiempo a la lectura de los diarios o al make-up? Según Suárez es un tema cultural. Las minas nos embellecemos más que nuestros pares masculinos cuando tenemos una reunión, dedicamos un tiempo precioso a la ropa, al maquillaje, al pelo. Ella lo plantea como una gentileza social que no tiene nada de malo en sí mismo; en todo caso convendría enseñar a nuestros hijos que el arreglo personal no tiene por qué ser una esclavitud. El problema, me advierte, es cuando esa exigencia se vuelve una desventaja que hace que la periodista deba llegar dos horas antes para ser peinada y maquillada mientras su colega solo tiene que ajustarse la corbata y salir al aire. Lo que no sabe Adriana es que el Gato Sylvestre usa rímel y a Canaletti le delinean un toque los ojos!! (shhhhh…).
Pedazos rotos del espejo interior.
El periodismo de tablón cayó rendido a los pies de Alina Moine (¿la tienen? es la que conduce con Apo el programa de fútbol los domingos por la TV Pública). Divina, carismática ¡y encima sabe! A su llegada, Fox Sports salió corriendo a comprar “mostradores” transparentes para no perderse el espectáculo de sus piernas. Ves a Alina, casi que la envidias, con su microvestido, tacos aguja, boca bombón y algo te hace ruido. ¿Obedece al estereotipo que supone que si hay una mujer en un programa deportivo tiene que jugarla de sexie o ejerce con sarcasmo su rol de chica linda que habla de fútbol? El prejuicio se parece bastante a la pacatería.
Charles Lipovetsky -el sociólogo y filósofo francés- desbarata la antinomia. Su idea esclarecedora está debidamente subrayada en la pequeña versión de Anagrama de El Imperio de lo Efímero que guardo en mi biblioteca. Él dice que las mujeres han conquistado todo tipo de derechos pero al mismo tiempo conservan el privilegio ancestral de la coquetería. Nada que ver con la alienación. Textual: “¿Por qué obstinarse en hablar de manipulación o cosificación cuando la mayoría de las mujeres declara que la multiplicación de cosméticos, lejos de oprimirlas, les da más independencia y libertad para agradar a quien ellas quieran?”.
La proliferación de Julias Mengolinis no hace mella. Todavía hoy se impone el patriarcado mediático. Según el último informe de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF), el 73% de los puestos ejecutivos a nivel global lo ocupan hombres. El dato surge del seguimiento de más de 500 empresas en 60 países (incluida la Argentina). En las redacciones, la relación varón-mujer se parece un poco más a la igualdad con un magro 2 a 1. Pero ni te atrevas a husmear en las columnas de opinión: Perfil tiene sólo 4 mujeres de un total de 36 periodistas con mirada propia. La Nación eleva ese promedio 3 a 1. Clarín tiene a doña Ernestina como directora y una se pregunta para qué sirve eso si con el rediseño de la página web elgrandiarioargentino.com empezó una especie de minuto a minuto de la gráfica que llevó a Vicky Xipolitakis a ser la noticia más leída y por ende la mejor expuesta del portal, la vez que se calzó la bandera argentina como segunda piel en pleno furor mundialista.
Myriam Pelazas es coordinadora del Observatorio de radio y televisión, una especie de sabueso que trabaja en el análisis de formatos y contenidos para detectar focos de discriminación en el espacio radioeléctrico. Ella cree que si bien los medios construyen distintos tipos de mujeres suelen caer en un arquetipo tradicional y acotado como el de objeto sexual o ama de casa. Que qué programas nos dan más trabajo, hmm… por años fue Showmatch. Pero hay otros, AM, Bendita TV, Duro de Domar, el de Chiche Gelblung, Animales Sueltos y unos cuantos más, en distintos momentos y por distintas cuestiones nos hicieron y hacen trabajar mucho. A veces con discursos sexistas o xenófobos de modo deliberado, otras cuantas por puro desconocimiento. Después están las mujeres que alcanzaron lugares de preeminencia pero ellas mismas se encargan de fijar el estereotipo. Lipovetsky disiente desde el estante de la biblioteca: “El paréntesis hiperfeminista que denunciaba la sumisión del segundo sexo a las trampas de la moda no tuvo sino efectos de superficie (…) hoy la denuncia de la mujer-objeto ha dejado de ser una receta y no tiene ya un verdadero eco social”.
Es preciso volver a Wanda. La rubia, que de tarada no tiene un pelo, hoy impone la agenda. Es capaz de correr por izquierda a todo el movimiento feminista junto –incluidas Las 12- y lograr que hasta Rial dedique un programa entero a hablar de violencia de género, tenencia, minoridad y cámara Gesell. Quién les dice que en unos años la bandera de la lucha por la igualdad mediática no lleve su nombre.
Nota publicada en la revista Sophia (Agosto 2014)

jueves, 17 de julio de 2014

Periodismo ¿Cosa de machos?

Pionera de la prensa escrita por mujeres, columnista de Blackie, entrenadora en comunicación y, a esta altura, personaje de culto, Dionisia Fontán cuenta cómo era, ayer nomás, ejercer el oficio desde el anonimato. Memoria y balance de la misoginia mediática, y agarrate porque no se salva ni la Negra Vernaci.


Siete de junio de 1979. Día del Periodista. 
Mirtha Legrand deja los cubiertos y pregunta a la única invitada femenina de su mesa: “Dígame, ¿cómo es posible que en una empresa dirigida por una mujer -doña Ernestina-, las damas no firmen?”. Aquel mediodía Dionisia Fontán soltó la lengua.
“Me mandé flor de discurso y en la redacción se armó jaleo”. Dice flor, dice jaleo y entendemos que ella pertenece a otra generación. Habla y casi llegamos a sentir el humo de los puchos en el ambiente, el traqueteo de las Olivetti, los teléfonos de línea, la teletipo. Y en plena mística, una falda, las uñas pintadas y el metro cincuenta de esta mujer que sólo podía firmar sus notas con una inicial.
“En Clarín yo era D.Fontán. Podía ser Darío Fontán, Domingo Fontán, quién sabía. Le dije a Mirtha que me parecía injusto y recuerdo que aludí lo del viaje a la Luna porque justo se habían cumplido diez años y me resultaba  incongruente: semejante hazaña espacial y las periodistas semiocultas detrás de una inicial. Ridículo” El resto de los comensales, todos varones, mudos masticaban. Ni A.
Conviene aclarar que estamos frente a una colega que nos hizo justicia. Dionisia Fontán –hagámosle honor a su lucha: pongamos su nombre siempre completo- logró visibilizar a las mujeres en el periodismo gráfico. Sin alardes de militancia, ni proclamas feministas, ella exigió igualdad de género, empecinada en que la valoraran estrictamente por su calidad profesional.
“En los diarios había una misoginia absoluta. Las mujeres estábamos relegadas a los temas femeninos, era impensable que pudiéramos escribir sobre política o economía, por ejemplo. Entonces, nos quedaban las notas sociales y los temas hogareños, el cuidado de las plantas, la puericultura, los asuntos de belleza. La sección cocina, en cambio, tenía prestigio” concede con una mueca. Y sí, en su hábitat natural ellas podían tener nombre propio. Y ahí estaba Blanca Cotta, la primera que logró colar su firma (al pie de cada receta). Pero Cora Cané, que lleva más de medio siglo a cargo de sus misceláneas de contratapa debió esperar largos veinticinco años para ver su nombre impreso en letras de molde. Sin ir tan lejos, entrá en la página de Perfil.com y recorré la lista de columnistas… todos tienen pito. Volviendo a lo de Mirtha, te decía: nunca supe si fue coincidencia o si aquel pequeño revuelo televisivo influyó, pero al poco tiempo las mujeres empezamos a firmar nuestras notas. Más de una compañera de redacción me llamó para agradecerme” recuerda Dionisia Fontán.
La señora de las mil anécdotas se desata. Transcribimos: “En la década del ’70 me ofrecieron hacer una columna de interés general en la revista Siete Días. La columna se titulaba La Mujer. Y había que redactar temas de minas, para variar. Cuestioné un par de veces que en un medio apto para todo público, hubiera un espacio dedicado a la mujer, pero no me dieron bolilla. Finalmente saqué ventaja de las limitaciones y empecé a producir los temas que me interesaban. De ser una columna pasó a ocupar media página y luego una página completa.” Por aquel trabajo recibió el premio ADEPA en 1977 y -otra vez- fue la primera mujer en obtener ese reconocimiento.
Sin embargo, ninguno de sus logros fue acompañado de estabilidad económica. Ni laboral. Dionisia Fontán tuvo que reinventarse mil veces. Además de gráfica, hizo radio, televisión y publicó varios libros. Cada desafío implicó volver a empezar. Hoy se presenta como “entrenadora en comunicación”. Y del tema, puede dar cátedra.
“Ahora me doy cuenta de que mi mayor esfuerzo era siempre crear un espacio y mantenerlo. Los espacios eran chiquitos, talle 36 o menos, angostos de caderas, je. Y había que hacerlos engordar. Con Laura de Hoy (columna dominical del diario La Nación 1980-1991) bajé línea y nadie se daba cuenta porque aparecía en el suple infantil y juvenil. Eran temas fuertes para la época, enmascarados en las crónicas de una piba argentina. Nunca en esos 11 años repetí una historia y pasaron tantas cosas. Al país y a la autora. Escribí sobre la falta de trabajo, la discriminación, los padres alcohólicos, la donación de órganos, la elección vocacional. Laura tuvo un amigo desaparecido. Una abuela progresista. Un tío Alberto, como el de Serrat, bien atorrante. Laura visitó a una ginecóloga. Y se anticipó a comentar el tema de los hijos de padres divorciados, cuando todavía no existía la ley.”

”Cuando propuse instalar Radio-grafías en La Nación –la única sección de crítica y comentario radial, que se sigue publicando-, como lo consideraban una novedad, estuve tres meses sin firmar las columnas. Salían todos los martes y se hicieron muy populares. Tuve que insistir mucho para que apareciera mi nombre al pie, ¿podés creerlo? Yo las escribí hasta mayo de 1996.” 

A propósito de la radio…
La radio es, de todos, el medio más machista. Hasta el ochenta y pico, en Rivadavia se negaban a tomar operadoras mujeres. Yo empecé en el 75, con Blackie, en Continental. Y te puedo decir que ella fue una mosca blanca, nadie pudo ocupar su lugar. También trabajé en Del Plata, hasta fines de 1988 y me tocó lidiar con conductores varones que apenas me daban micrófono. Durante los años que frecuenté el fierrito, escuché el mismo latiguillo: Nos hace falta  una voz femenina, aparte de la locutora, claro.
¿Pero no hay grandes voces femeninas en el micrófono?
Contadas con los dedos de una mano. Nora Perlé sigue con el mismo formato de hace más de cuatro décadas. Ella es muy piola y produce o coproduce sus espacios. Betty Elizalde peleó muchísimo por trascender a la locutora. Lo consiguió, tuvo muy buenos ciclos, pero le costaba la continuidad. Es decir, no lograron crecer y permanecer y eso que pudieron haberse convertido en pares de Badía, Bravo o Cacho Fontana. ¿Más ejemplos? Las comentaristas de espectáculos de la vieja guardia integran algunos coros, pero nunca pudieron mantener programas propios y buenos. Alicia Petti, Laura Ubfal... En cambio, Guillermo Blanc se mantiene a través de las décadas y no es mejor que ellas. Para nada. Podría seguir dándote nombres… María O’ Donnell es "la” profesional, aparte de Magdalena, se entiende. Es preparada, sabe de lo que habla, tiene una sólida base gráfica y, como creció entre varones, conoce de fútbol y discute como un tipo.
¿En serio no crees que ahora hay más presencia femenina en la radio?
Sí, pero tampoco las dejan hablar. En las FM hay muchas pibas que festejan las pavadas de los conductores y cada tanto logran meter un bocadito. Lo mismo ha pasado con los chicos, ya veteranos, de la Rock & Pop. Son misóginos. Sólo permanece la Negra Vernaci porque es atrevida y boca de letrina. Única. Si no fuera negocio, ya no estaría. Sus imitadoras no prosperaron.

Volviendo a la gráfica. Pasaron 40 años y los “temas femeninos” de las revistas para la mujer no parecen haber cambiado demasiado.


Me acuerdo la tapa de una revista con un título catástrofe que decía: Tetas o Culo, un debate nacional. Y tantas otras notas: Cómo atraer al hombre de tu vida disfrazada de leopardo, o A la hora del sexo, nada de excusarte con que te duele la cabeza y mil boludeces por el estilo que, por lo visto, las minas compran. La cirugía estética es un regalo que se financia con más cuotas que una heladera, y eso no está mal, pero lo que irrita es la exaltación de la imagen. Sí, lamentablemente la mujer sigue siendo objeto.

Valeria Sampedro

Nota censurada en el sitio Entremujeres de Clarín (mar/2013)
por sentirse aludidas, las editoras decidieron no publicarla.