martes, 28 de octubre de 2014

VIOLETTE, la película

Fea, bastarda y pobre. Más no podía pedir Violette Leduc para sentirse una desgraciada. Lo suyo fue literatura de supervivencia: escribir para sacar afuera el resentimiento, la indiferencia y el desamor. Algo de esa tristeza y oscuridad refleja la película que lleva su nombre. Violette, a secas, del director Martin Provost. Acá se estrenó en agosto de este año y no tuvo gran repercusión.

El mérito de la peli es rescatar del olvido a una mujer que fue una osada para su época, grossa de verdad. Pero la Francia de posguerra no estaba preparada para que una señora hablara descaradamente de bisexualidad, incesto y aborto. Leduc tuvo la audacia de llevarle su primer manuscrito a Simone de Beauvoir, madrina de lujo de la que se enamoró perdidamente.
Emmanuelle Devos interpreta a esta Violette que te va a hacer querer abrazar la tele –desde hace rato fuera de cartel, solo queda alquilar el DVD o comprársela al mantero amigo- y salir corriendo a googlear su biografía.

Valeria Sampedro. 

martes, 21 de octubre de 2014

Vivan las Feas

Podría decirse que es un ensayo feminista en clave teatral. Hay una catarsis arriba del escenario del Rojas. Tres minas que (se) desnudan frente al público –99% mujeres- un enojo visceral contra el patriarcado que las oprime. Y se sublevan como pueden. Un ama de casa que quiere salir a revolear los electrodomésticos a modo de liberación femenina; la gorda celulítica que despotrica contra los parámetros de belleza que la dejan afuera del sistema único de oportunidades concebido para “las lindas”; y una pendeja en conflicto que pugna entre la histeria del minishort y la revolución del pensamiento propio. La escena se completa con una bar-woman y una quinta minita -Mariela Asensio, directora de la puesta- pedaleando como una desquiciada arriba de una bicicleta fija durante toda la obra.
Una advertencia: si sos fanática de Arjona no vayas, porque estas pibas lo despedazan (con gran atino).




Centro Cultural Rojas. Viernes 22.30 hs
Entrada: $40 / Capacidad: 30 localidades
Actrices: Ana María Castel, Federica Presa, Paola Luttini, Josefina Pittelli y Melina Milone.

Dramaturgia y dirección: Mariela Asensio.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La banalidad del aborto

"Puedo decir con sinceridad que el aborto fue una de las decisiones menos difíciles de mi vida. No peco de frivolidad al decir que tardé más tiempo en decidir qué mesada ponía en la cocina que si estaba preparada para ser responsable de un futuro ser humano el resto de mi vida” confiesa Caitlin Moran en su libro Cómo ser mujer. Y desata un escándalo en mi cabeza.

Foto: La Garganta Poderosa
Ojos abiertos, desorbitados y la birome que subraya frenética todo el párrafo. Más envidiosa que indignada por su revelación a bocajarro, me pregunto cómo se logra decir semejante bestialidad tan a la ligera sin temer que te salte encima la horda “pro vida” y te escrache con un juicio moral en la vía pública.

Sigo atónita. “Ni por un segundo pienso que debería tener este bebé. No tengo ningún dilema, ninguna decisión terrible que tomar. Se con serena certeza que no quiero otro niño ahora, del mismo modo que se que no quiero ir a la India, ni ser rubia, ni disparar un arma”.

Hicimos los deberes como feministas. Suscribimos a la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Apoyamos el abrazo al Congreso para que de una vez haya un debate serio y no se cajonee el proyecto de legalización. Repetimos la cifra del espanto como un mantra: Medio millón de abortos al año, se calculan, sólo en Argentina. Pero nos sobra recato para gritar que queremos decidir sobre nuestro propio cuerpo. Y si la que lo dice lleva puesta una panza de siete meses, agarrate Sofía. "Yo, más que a favor del aborto, estoy en contra del aborto clandestino", sostuvo la hija de Moria para después aclarar: "Yo nunca aborté pero porque tengo la posibilidad de elegir. Tengo la posibilidad de prevenir, de informarme, tengo una educación sexual necesaria y por eso no llegué a esa instancia. Pero no todo el mundo está en esas condiciones".

Tremenda repercusión mediática y eso que no se metió con el puñado de mujeres que sí sabíamos cómo cuidarnos, que tenemos secundario completo, facultad, años de terapia y controles ginecológicos regulares, y de todas maneras, por un error fatal, nos embarazamos y dijimos No.

Primero lo urgente. Dar respuesta a la enorme cantidad de mujeres que atravesó el horror teniendo que recurrir a tugurios clandestinos sin las mínimas condiciones de seguridad y asepsia, desangrándose, infectadas, aterradas y criminalizadas por el sólo hecho de haber decidido que no querían ser madres. Porque la estadística oficial marca que en nuestro país cada año mueren 100 mujeres por prácticas de abortos inseguros. Pero el debate admite, o mejor, necesita también indagar sobre el dilema moral que implica el aborto. Qué tal si dejáramos de plantearlo como algo indefectiblemente traumático, esa especie de salvedad cada vez que se nombra la mala palabra “es terrible, ninguna mujer pasa por esto a la ligera”.

Retomamos el subrayado furioso sobre el libro de Caitlin, manual de Cómo ser Mujer, página 311. Abortos “buenos” y “malos”. Una adolescente violada y/o una madre cuya vida peligra por el embarazo tienen permitido el aborto. Casi que podrían lograr no quedar estigmatizadas. Del lado oscuro aparecen los abortos reincidentes, o abortos en avanzado estado de gestación, o peor aún provenientes de mujeres-madres que deciden abortar. Esas son lo peor.


¿Y si no, qué? Si admitimos en voz clara y a los gritos que la decisión fue simple, a secas (sin lágrimas) y del todo racional. Un trámite que nos hubiese encantado no haber tenido que hacer, y aun así no hay un dejo de nostalgia por esos escarpines que no quisimos tejer. 

Valeria Sampedro.

martes, 23 de septiembre de 2014

El patriarcado estético, o como nos quemaron la cabeza II. DEPILACIÓN A LA CARTA

Frida debe haber sido la única. Llevar el bigote con suficiencia es algo que no nos fue dado al resto de las mujeres sobre la faz de la tierra. Excepto Flor de la V.

Estás hablando con alguien, no importa, una amiga, la vendedora, la recepcionista del consultorio, una compañera de facultad, con tu propia tía y la maldita no te mira a los ojos. De pronto fija su vista justo al costado de tu boca, en la comisura, abre los ojos grandes y ahí se queda, como extasiada mientras vos gesticulas en un limbo que ya nadie escucha, ni vos misma, porque sabes, está claro que esa yegua está mirándote la sombra, la pelusa, tu bozo.

El pelo como una malformación. El enemigo público al que hay que eliminar como sea, no importa si quema, si duele, si te lastima hasta sangrar. Lo que importa es que no esté. Por ellos, pero sobre todo por nosotras, o mejor dicho por ellas (las exégetas del patriarcado). Porque podes tener un poco de celulitis, ok. Pero ¡depilate sucia! ¿O sos feminista?

Los campos de concentración de belleza, también llamados centros de estética te arman combos en seis cuotas sin interés. Y si pagas en efectivo hay descuento: pierna entera-cavado profundo-brazos-tira de cola, todo por trescientos mangos. Al mes.

Las que resistimos en la intimidad nos volvemos militantes en invierno –poniendo a prueba ya que estamos la fidelidad y amor de novios/maridos- y cedemos ante la presión y los avisos de desodorante Dove con axilas como pétalos de rosa.

Pao Lin, amiga virtual y activista lesbitransfeminista (si, las tiene todas y por si fuera poco se dejó la barba!!) hace poco escribió una columna buenísima en Las 12 sobre su chiva incipiente y el regodeo ante el espanto de los otros. “La no depilación coloca a la mujer en el ámbito de la monstruosidad, o la desplaza al lugar de fenómeno de circo. Vivir sin ceder a las presiones de las distintas ofertas de depilación definitiva o temporal es una lucha cotidiana en cualquier ámbito, y la depilación, cuando es una práctica obligatoria, se convierte en una forma más de imponer violencia sobre los cuerpos de las mujeres”.

La verdadera revolución feminista, la batalla final con la que daremos la estocada será ese día en que salgamos en minifalda sin necesidad de haber pasado inmediatamente antes por la prestobarba.

Valeria Sampedro.

viernes, 12 de septiembre de 2014

El patriarcado estético, o cómo nos quemaron la cabeza.

Yo mujer. Yo feminista, libertaria de almas cosificadas salgo a la calle -dedo acusador en alto- y tomo nota. Necesito material para mi blog. Publicidades sexistas, incumplimiento de la ley de talles, pegatina prostibularia, piropos acosadores. 
El periodismo de denuncia me sienta bien.

Agazapada frente a la vidriera de un local de lencería, mientras apunto mi diatriba en contra de los push up y las tanguitas cinthia fernandez, se aparece Griselda reflejada en la marquesina de la parada del 39. Es la cara de la nueva línea de ropa interior Selú. La ves, la escrutas -cada centímetro de ese pedazo enorme de afiche- y se te dibuja una mueca maligna, un extraño regodeo ante la textura de una piel sin photoshop: lunares, un pliegue, el asomo de una estría. De pronto algo incomoda. Doblemente me incomoda. No tanto que la Siciliani tenga imperfecciones, sino ¡que Selú decida mostrármelas!

Qué clase de síndrome de Estocolmo me hace sentir estafada si mi celebrity se atreve a exhibir un rollo. Porque podemos soportar a un puñado de señoras gordas jugando a ser modelos por un día y haciéndonos creer que el mundo fashion tomó conciencia de los estragos que viene haciendo en nuestras cabezas -la chusma de peluquería que llevamos dentro celebra la idea de un desfile con mujeres reales una vez al año y auspiciado por el suplemento femenino del diario- pero déjennos seguir creyendo que esos culos de tapa son posibles. Si esto es una utopía… quiero morir en ella!

El sociólogo Pierre Bourdieu habla sobre ese estado permanente de inseguridad corporal y lo llama alienación simbólica. El daño está hecho. Queda el escarnio público. O salir corriendo a abrazar a Griselda por su valentía, por su insolencia y su autoestima. Gracias Gri.

Valeria Sampedro.

martes, 19 de agosto de 2014

Matías Martin y el dolor ejemplar

El gancho surtió efecto. El debut del nuevo programa de Matías Martin en la TV Pública no pasó inadvertido con Tití Fernandez como invitado.
Copio una columna que refleja mucho de lo que sentí durante esa primera entrevista. A veces pasa que otro pone en palabras algo que vos nosabes bien definir...

de Hernan Firpo. (Clarín)
A ver, que se entienda bien: nadie hubiera invitado a ningún primer programa de entrevistas al bueno de Tití Fernández. Nadie al menos hasta ese día de julio en que murió su hija durante un accidente de tránsito en Brasil.
¿Es eso lo que me demora frente a la pantalla, frente a Línea de tiempo, que empezó el lunes? ¿Es eso o es mi insana pasión por los códigos del fútbol? ¿Es eso, o es la vibración que nos provocan los detrás de escena (desde Gran Hermano para acá?)
Uno seguro que piensa esto porque tiene la cabeza quemada de rating y no entiende que un primer envío de entrevistas mano a mano tenga como protagonista a Tití. Periodista como sos, decís: un crack el productor del programa. Y lo decís porque quien haya sido supo sacar de la manga un personaje destemplado de nuestra enorme caja de resonancia morbosa.
Te quedas ahí, clavado en el 7, que también es una pantalla pública, y como todas las pantallas públicas, no debe competir. Y sí lo hace, pensás, es por mérito propio. Después leés que el programa hizo algo así como tres puntos, un aconcagua para el promedio del canal.
Y te quedás mirando porque hace menos de dos meses que este señor tan querible sufrió la pérdida más drástica de su vida y de cualquier vida. O sea, una verdadera tragedia. ¿Estás aquí esperando el momento? ¿ El momento de qué? ¿De que un hombre duro se quiebre por completo mientras el periodista, el genial Matías Martin, se aproxime bellamente guiado por la escucha? ¿Qué acantilado espero? ¿Tan hecho pelota estoy? ¿Es eso, o me demoro a la espera de que cuente alguna anécdota del Turu Flores? No hay muchas otras opciones. Al menos no las hay en relación a la expectativa de un primer programa.
El morbo nos hizo de goma. Ahí viene el momento. Llega con una naturalidad increíble. Matías es un conductor ultra fino, el Príncipe de la FM. Y llega donde vos sabés que va a llegar, pero lo hace de la manera menos pensada, encadenando el diálogo, pero sin convertir la puesta en una charla de café. Un milagro de la fluidez, Matías escucha, pregunta y Tití ya está metido casi sin que uno se dé cuenta. Un hombre bueno con una pérdida irreparable y la historia de vida..
Uno aprende que al dolor, ciertos dolores, no hay que salir a buscarlos con ninguna música incidental de pianito. De antemano, lo único que sabías era que la muerte de un hijo es un dolor ejemplar. Lo repetís por escrito: la muerte de un hijo es un dolor ejemplar.
¿Era eso?

miércoles, 13 de agosto de 2014

Eva tiene dos mamas

Una historia conmovedora.
Dos mujeres con vidas heterosexuales, se enamoran y deciden armar una familia juntas.
Tienen a Eva (por inseminacion) y a los cinco años se separan.
La madre biológica de Eva vuelve a armar pareja (otra vez heterosexual) y pretende borrar su pasado gay. Desde entonces no la deja a Eva tener contacto con su mama Moni.
La justicia dice que no puede hacer nada, que al no ser la madre biologica y no figurar en la partida de nacimiento (la anotaron como hija de madre soltera, ya que entonces no existia otra posibildad)  no se puede hacer nada.

Aca el link de la nota publicada en TN (13/08/2014)
Eva tiene dos mamas