lunes, 8 de junio de 2015

Cómo ser una feminista comprometida y laburar en tele (mi nota ParaTi)

Me compré estos anteojos Bafici, con marco de acetato rojo, para inaugurar mi etapa como periodista gráfica. El óptico me prometió con ellos una mirada más aguda de la realidad. Complejos de chica de tele. Si voy a tener una columna propia ¡sobre feminismo! en Para Ti, necesito dar intelectual. Ser pero también parecer. Ya lo dice Mirtha, como te ven te tratan.

Quizás ni me conozcan, pero llevo más de diez años pateando la calle como cronista. Una década de coberturas de lo que se te ocurra, movilizaciones, paros, incendios, paritarias, sesiones maratónicas del Congreso, maratones de fin de semana, piquetes, granizo, el precio del tomate, inseguridad. La cultura noticiero es así. Diletante. Sabemos de nada, un poco. El mérito es que no se note. Con algo de picardía (y un escándalo menor) cualquier cronista avispado puede llegar a convertirse en celebridad. Si no mira Robertito.

Dice Birdman, mi superhéroe de la madurez, que la popularidad es la prima bastarda del prestigio. Así que le hice caso, me compré una pluma y un cuaderno de ideas.; para que las mieles de la cámara no boicotearan mis incipientes ambiciones feministas. La tele te da canjes y un montón de seguidores en tuiter. Pero escribir puede mejorar notablemente tu reputación.

El puerperio tuvo mucho que ver con mi militancia por la igualdad de género. Tres meses de cautiverio, en camisón y con los ovarios a flor de piel. Escribir descalza, encorvada, en bombacha y con lagañas. Entre teta y teta; entre pañales y olor a vómito. Contra las imposiciones de la moda, el acoso insufrible de los piropos, la justicia patriarcal, el lenguaje sexista. Escribir sobre femicidio, prostitución, aborto. Pero se terminó mi licencia, recuperé el peso y (con él) mi talonario de vouchers para conseguir ropa, zapatos y un baño de keratina gratis por mes. Creí que era el final, y entonces tuve la revelación: el maquillaje HD puede convivir perfectamente con un ejemplar de bolsillo del Segundo Sexo. Nuestras carteras dan para todo.

El tema es poner el cuerpo. Si algún día vas a la plaza a quemar corpiños, no lleves el del bretel estirado y con pelotitas, saca el push-up. Ese es un gran punto de partida. Y ventilar las miserias del enano machista que (todas) llevamos dentro. Hacerse cargo.


Por otra parte, no existe el manual de la buena feminista. Sólo Fridda Khalo puede llevar el bigote con altivez, el resto hacemos lo que podemos. Yo soy capaz de pasar el invierno entero sin depilarme las piernas y con los primeros soles de la primavera dejarle mi sueldo entero a Raquel, una reina de la cera negra, especialista en tiras de  cola. Puedo denunciar a los gritos la tiranía de los patrones estéticos subida al rascacielos de mis plataformas. O ponerme a cocinar las recetas de doña Petrona sin ningún remordimiento de pasar una tarde encerrada en la cocina. Soy la que contó en su blog que hacía colecho con un pequeño electrodoméstico que se ocupaba de sus orgasmos (chicas, posta. Siete velocidades, ocho centímetros, doce cómodas cuotas. Nunca subestimen a un micropene con ínfulas de semental). La misma que, creyendo hacer una defensa acérrima del derecho al placer de las mujeres, llegó a la portada de los sitios chimenteros y le dio de comer al machismo más retrogrado. Soy todo eso y más. Soy un manojo de incoherencias pero te puedo asegurar que me siento recontra comprometida con la causa. Mas ahora, desde que uso mis flamantes anteojos marco de acetato rojo y soy una chica ParaTi.


Valeria Sampedro.
Nota publicada en ParaTi, seccion Selfies (mayo/2015)

jueves, 4 de junio de 2015

#NiUnaMenos. el documento


I.
En 2008 mataron una mujer cada 40 horas; en 2014, cada 30. En esos 7 años, los medios publicaron noticias sobre 1.808 femicidios. ¿Cuántas mujeres murieron asesinadas sólo por ser mujeres en 2015? No lo sabemos. Pero sí sabemos que tenemos que decir basta. En estos años, los femicidios dejaron cerca de 1500 niñas y niños huérfanos y algunos de ellos están obligados a convivir con los asesinos. El problema es de todos y de todas. La solución hay que construirla en conjunto. Necesitamos sumar compromisos para cambiar una cultura que tiende a pensar a la mujer como objeto de consumo y descarte y no como una persona autónoma. El femicidio es la forma más extrema de esa violencia y atraviesa todas las clases sociales, credos e ideologías: Pero la palabra “femicidio” es, además, una categoría política, es la palabra que denuncia el modo en que la sociedad vuelve natural algo que no lo es: la violencia machista. Y la violencia machista es un tema de Derechos Humanos. Hablamos entonces de una cultura de la violencia contra las mujeres. Hablamos de hombres que piensan que una mujer es suya y que tienen derecho sobre ella, que pueden hacer lo que quieran, y que cuando esa mujer dice NO, la amenazan, le pegan, la matan para impedir que diga NO. El femicidio es eso: marcar los cuerpos de las mujeres violentamente, y como amenaza para otras: para que las mujeres no puedan decir que no, para que renuncien a su independencia. Aunque la gran mayoría de las mujeres que recordamos aquí fueron asesinadas por hombres de su círculo íntimo, el femicidio no es un asunto privado, es producto de una violencia social y cultural que los discursos públicos y de los medios vuelven legítima, cada vez que alguien le dice puta a una mujer porque ejerce su sexualidad libremente, cada vez que alguien la juzga por las medidas de su cuerpo, cada vez que alguien la mira con sospecha porque no quiere tener hijos, cada vez que alguien pretende reducirla simplemente al lugar de la buena esposa o la buena madre, destinada a un varón. 1/6 El femicidio es un tipo de violencia particular: no es un tema íntimo o doméstico o sólo de las mujeres. En muchos femicidios también fueron asesinados los hijos como parte del castigo proyectado sobre ellas y su propia capacidad de dar vida. Lo privado es político. Cada mujer que se atreve a decir basta, que quiere dejar de ser víctima para convertirse en sobreviviente, desafía a toda la estructura de la violencia machista. Pero ese es su momento más vulnerable, ahí es cuando con saña se pretende ajusticiarla y es entonces cuando más necesita de otros y de otras que ayuden a sostener su decisión: redes de afecto, sociales, asistencia del Estado y un activismo político fuerte que insista en decirle que no está sola y que no es su culpa. Para que ese BASTA, que por fin pudo enunciar, se sostenga en el tiempo. Eso es, también, lo que estamos haciendo hoy, acá, en esta plaza pública. La violencia ejercida en el ámbito doméstico se vincula con cuestiones sociales que deben ser discutidas en la esfera de la política. A diferencia de otros crímenes, el femicidio se puede leer en una cadena: encontramos crímenes casi calcados por todo el país. Por eso, afirmamos el derecho a decir NO frente a aquello que no se desea: una pareja, un embarazo, un acto sexual, un modo de vida preestablecido. Afirmamos el derecho a decir NO a los mandatos sociales de sumisión y obediencia. Y porque decimos NO, podemos decir sí a nuestras decisiones sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas afectivas, nuestra sexualidad, nuestra participación en la sociedad, en el trabajo, en la política y en todas partes.
II.
Los femicidios no deben tratarse como problemas de seguridad. Y la lucha contra ellos exige una respuesta múltiple, de todos los poderes del Estado y todas sus instancias -nacional, provincial, municipal- pero también precisa una respuesta de toda la sociedad civil. Y en especial una respuesta por parte de los y las periodistas, comunicadores y comunicadoras, que son quienes construyen interpelaciones públicas. En 2009 y por amplia mayoría (con 174 votos afirmativos y 3 abstenciones), el Congreso nacional aprobó la Ley de Protección Integral de las Mujeres, Ley Nº 26.485, un paso importante en la lucha contra la violencia machista. Sin embargo, todavía está 2/6 pendiente la reglamentación de algunos artículos, incluido el Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres. Sin la reglamentación completa de la Ley, el diseño de políticas integrales y la asignación del presupuesto necesario para su instrumentación, esta herramienta lograda en 2009 resulta insuficiente para revertir el aumento de la violencia. En el país existen líneas telefónicas y oficinas especializadas para orientar y asistir a las víctimas que sufren violencia machista. No alcanzan si no son acompañadas de políticas integrales. No existe en la Argentina un registro oficial de femicidios. Los datos que mencionamos aquí son los que releva año tras año la Organización No Gubernamental Casa del encuentro. Es fundamental contar con estadísticas oficiales. El Poder Judicial desempeña un papel en general ineficiente a la hora de dar respuesta a las víctimas. En muchas jurisdicciones, son ellas las que tienen que denunciar y luego ratificar la denuncia que hicieron en comisarías. Este sistema de doble denuncia está apoyado en la falta de confianza de la Justicia hacia las mujeres y contribuye a la impunidad del agresor. El aporte de pruebas y testigos depende enteramente de las víctimas y, si no lo hacen, las causas quedan paralizadas y luego se archivan. Se trata de un modelo de gestión judicial de la violencia contra las mujeres que suma desprotección y que no garantiza medidas efectivas. Con la impunidad para el agresor, el Poder Judicial agrega otro tipo de violencia para la denunciante: la violencia institucional. Muchas de las víctimas de femicidios habían denunciado antes y en reiteradas ocasiones al asesino. A tantas otras mujeres no quisieron tomarles las denuncias. Esta inercia no puede continuar. Hay mujeres golpeadas y asesinadas por afirmar sus propias decisiones. Otras están desaparecidas, víctimas del delito de trata con fines de explotación sexual o laboral, y sus destinos siguen sin conocerse. En torno a algunas de esas mujeres desaparecidas se sospechan tramas mafiosas que incluyen la participación de la justicia y de las fuerzas de seguridad. Por ellas también pedimos justicia. El modo en que los medios, mayoritariamente, tratan el problema, debe transformarse por completo: en muchos casos culpabilizan a las víctimas de su destino: hablan de su vestimenta, sus amistades, sus modos de divertirse. En el fondo, agitan allí el “algo 3/6 habrán hecho”. Necesitamos medios comprometidos en la elaboración de protocolos, además del imprescindible cumplimiento de los protocolos existentes y de los códigos de ética para las coberturas periodísticas de estos casos. La televisión repite imágenes y palabras que ubican a las mujeres en situaciones de desigualdad, dominación y discriminación. Repite estereotipos. El tratamiento noticioso de los casos de niñas y mujeres asesinadas o desaparecidas, con la invasión de la intimidad de las víctimas y la insistencia en revelar el modus operandi del asesino, contribuyen a que el femicidio se naturalice o se lo convierta en insumo para que el show continúe. Y esto ayuda a su reproducción. Decimos Ni una menos, con el dolor de la suma de víctimas que crece y crece. Esta conmoción masiva, esta enorme y comprometida participación social, son un grito unánime. Es la manera que encontramos, en todas las plazas del país, con la movilización, con el dolor común, con la preocupación y la necesidad urgente, de poner en marcha acciones coordinadas que ataquen el problema; desde el origen -la cultura machista-, y hasta el fin de la cadena: la mujer golpeada, la mujer asesinada. El Estado y los poderes reales, junto con la ciudadanía, debemos comprometernos a perfeccionar los instrumentos para combatir la violencia contra las mujeres, nuevos esfuerzos deben sumarse, codo a codo con el esfuerzo realizado por las organizaciones de mujeres, feministas, ONGs y personas comprometidas que trabajan en esto desde hace tiempo. Es que los derechos de unas son los derechos de todos. La preservación de la vida y las decisiones de las mujeres son ampliación de libertad para todos y para todas. Forjemos nuevos modos de convivencia, estrategias para hilar cada vez mejor la trama de la vida en común. No queremos más lágrimas de duelo y sí más avances que festejar. No queremos más mujeres muertas por femicidio. Nos queremos vivas. A todas. #NiUnaMenos.
III.
Pedimos, entonces, una serie de puntos ineludibles para recorrer el camino hacia Ni una menos: 1. Instrumentación en su totalidad y con la asignación de presupuesto acorde de la LEY N º 26.485 “Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”. Puesta en marcha del Plan Nacional que allí se establece. 2. Recopilación y publicación de estadísticas oficiales sobre violencia hacia las mujeres incluyendo los índices de femicidios. 3. Apertura y funcionamiento pleno de Oficinas de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia en todas las provincias, con el objeto de agilizar las medidas cautelares de protección. Federalización de la línea 137. 4. Garantías para la protección de las víctimas de violencia. Implementación del monitoreo electrónico de los victimarios para asegurar que no violen las restricciones de acercamiento que impone la Justicia. 5. Garantías para el acceso de las víctimas a la Justicia. Atención de personal capacitado para recibir las denuncias en cada fiscalía y cada comisaría. Vinculación de las causas de los fueros civil y penal. Patrocinio jurídico gratuito para las víctimas durante todo el proceso judicial. 6. Garantías para el cumplimiento del derecho de la niñez con un patrocinio jurídico especializado y capacitado en la temática. 7. Creación de más Hogares/Refugio en la emergencia, Hogares de Día para víctimas, y subsidio habitacional, con una asistencia interdisciplinaria desde una perspectiva de género. 8. Incorporación y profundización en todas las currículas educativas de los diferentes niveles de la educación sexual integral con perspectiva de género, la temática de la violencia machista y dictado de talleres para prevenir noviazgos violentos. 5/6 9. Capacitaciones obligatorias en la temática de violencia machista al personal del Estado, a los agentes de seguridad y a los operadores judiciales, así como a profesionales que trabajan con la temática de violencia en diferentes dependencias oficiales de todo el país. Todas las medidas requieren creación de instancias de monitoreo y seguimiento para su puesta en práctica y funcionamiento efectivo. Erradicar la violencia contra las mujeres puede ser difícil pero no es imposible. Ni una menos es un grito colectivo, es meterse donde antes se miraba para otro lado, es revisar las propias prácticas, es empezar a mirarnos de otro modo unos a otras, es un compromiso social para construir un nuevo nunca más. Repetimos. No queremos más mujeres muertas por femicidio. Queremos a cada una de las mujeres vivas. A todas. #NiUnaMenos

#NiUnaMenos. La semilla

Ser periodista. Cronicar decenas de asesinatos a mujeres violentadas por sus novios, maridos, ex parejas. Contar mil veces que había denuncias previas, restricciones de acercamiento, botones antipánico. Hablar de fuego, puñaladas, tiros, bolsas de basura. Repetir la estadística como un mantra, cada vez: Cada-treinta-horas-muere-en –la-argentina-una-mujer-por-violencia-machista.

Un tuit como llamado de atención podría haberme parecido por lo menos banal. Hasta hace tres semanas. Pero el 11 de mayo el dedo se detuvo en la pantalla táctil de mi celular cuando Marcela Ojeda -colega y ahora también amiga- decía que si no pensábamos hacer algo, que nos estaban matando (a nosotras también). Con la facilidad de un click asumí el compromiso. No imaginaba que en ese momento empezaba a desatarse una reacción descomunal, bajo la consigna #NiUnaMenos. 

Mica, Ingrid, Anita, Hinde, Flor, Marina, Sole, Mer y la tal Marcela son parte de este colectivo desquiciado que creyó en la magia de borrar la grieta con sus cartelitos violetas. Y me arrastró con ellas.

¿Quién hubiera dicho que la virtualidad podía darnos una lección de educación cívica? Las 958 mil menciones con ese hashtag, en apenas veinte días, se materializaron este miércoles frente al Congreso de la Nación, en una concentración multitudinaria y formidablemente heterogénea.

Para crónicas del día después, están los diarios. Esta vez yo fui parte, no cronista..

Valeria Sampedro.

martes, 5 de mayo de 2015

Carta de una violacion

Esta carta la escribió Manuela, la chica de 20 años violada por un taxista. En carne viva.

Escribo esto porque sino no voy a poder estudiar esta noche, ni dormir, ni pensar, ni respirar bien. No sé bien a quién le escribo ni en propósito de qué, pero doy por sentado que cada quién se dará por aludido.
Tengo 20 años y en mi haber algunos que otros fracasos sentimentales, estudiantiles y familiares. También tengo sueños y manías, tengo caidas y manos amigas que me ayudan a levantarme. Y hoy, o mejor dicho, a partir del sabado 18 de abril, a determinada hora, en determinado lugar, tengo en mi haber, en este capítulo de mi vida, una violación.
Y les quiero explicar qué significa.
Se trata de un acto, un acto sexual contra mi voluntad. Se trata de que me falló la intuición y de que estuve en el lugar equivocado, en el momento equivocado, con la persona equivocada En fin, se trata de un error que cometí.
Me subí a un taxi, acepté subirme a un auto porque quien conducía ese auto se ofreció a llevarme a mi casa, de la que no tenía llaves porque confié y creí amiga también a una persona equivocada. Y yo, en un momento de vulnerabilidad me subí.
Les quiero contar por qué.
Me subí primero porque era un radio taxi premium. Ese radio taxi que los padres y tíos nos dicen que nos tomemos porque son más seguros. Ahí cometí el primer error.
Porque los violadores no sólo están en los callejones oscuros esperando para atacar o en las vías del tren. Los hay en las oficinas, en las confiterías, en las familias, en los parques y en los radiotaxis al parecer, también.
Mi segundo error fue haber perdido el conocimiento. Así que sí, cometí 2 errores. Pero les quiero hablar de la otra persona que estaba conmigo adentro de ese auto, de mi violador. De él, que, a diferencia de mi, que cometí dos errores, cometió un delito: la violación.
¿Quién no soy ni quiero ser?
No vine a este mundo a ser una mediocre. Así que no quiero serlo. No puedo seguir diciendo que esta bestia me arruinó la vida porque puedo hacerme cargo de los errores que cometí pero no del delito que cometió él. Y la totalidad de mi vida no puede reducirse a que me haya violado un tipo que, dicho sea de paso, no sólo está prófugo sino que está libre. Y para mí la libertad es lo más preciado que tenemos y él, no se la merece.
Cada vez que me violó en contra de mi voluntad ensució, pisoteó, insultó y traicionó a la libertad. No quiero a este violador libre, lo quiero privado de su libertad, encerrado y hostigado, como estuve yo esa mañana adentro de ese auto.
Merezco volver a ser libre y volver a tener sueños. Merezco volver a sentir cosas lindas y no este veneno que tengo dentro mio. Merezco volver a reir con ganas y a llorar solo por lo que haga falta. Merezco tener una familia y unos amigos que puedan contar conmigo. Y si esto es mucho pedir, entonces, por lo menos merezco poder comer, dormir y estudiar. Merezco volver a confiar en alguien una vez más. Porque cuando te violan, el tiempo es denso y esperar es un espanto.
Quiero que la vida me deje de doler. Quiero que estar despierta sea un deseo y no una tortura. Quiero que dormir sea descansar y soñar con cosas lindas, no quiero mas pesadillas con la cara de este animal (con perdón de los animales).
Quiero que a mi mamá no le duelan las sonrisas. No quiero que la gente me tenga lástima. Quiero que la gente quiera Justicia.
Pueda que jamas me olvide de esa eternidad en la que fui sometida a ese infierno de escuchar la respiración y la excitación de él mientras me violaba.  Ni su cara de placer frente a la mia de pánico. Puede que nunca olvide su cara ni su voz. Pero tampoco voy a olvidar nunca qué merezco y quién soy y algún día me va a doler menos. Y la vida que tenia antes del 18 de abril (que hoy parece una utopía) algún día me pertenecerá de vuelta.
Me juré a mi misma que no voy a rendirme hasta que no haya Justicia.
Manuela

PD: Nadie me hará creer jamás que fui, soy o seré culpable de que me hayan violado.

viernes, 27 de marzo de 2015

Basta de Todo (cuando MyLord se convirtió en mi alter ego)

Y un día, mi feminismo decidió someterse a los designios de Cabito y su papeleta. Todo sea por el éxito mediático de MyLord.

Gracias Matías, Diego y Cabito!

Aqui la nota completa:
http://basta.metro951.com/2015/03/27/valeria-sampedro-es-nuestra-diosa-de-los-viernes/

miércoles, 25 de marzo de 2015

La justicia del patriarca.

Pensaba en Rosana (Galliano), en sus 29 años, sus dos hijos. En Arce (Jose) y en la madre que lo pario (Elsa Aguilar). Pensaba también en la madre que pario a Rosana (Graciela) y en cómo hará esa mujer para no morir de rabia y de dolor; para que le quede un resto de paciencia y civilidad, para seguir pidiendo justicia a una Justicia ciega e idiota, que acaba de concederle al asesino la posibilidad de vivir en su casa con esos pibes -sus propios hijos- a quienes les mató a su mamá.
Qué clase de código, penal y moral maneja la jueza (Elena Bárcena, sí una mujer) cuando decide seguir victimizando a estos nenes de 10 y 11 años, que saben todo lo que pasó y que no entienden por qué se los condena a ellos también.

Y cuál es el orden de prioridades del Juzgado de Familia de San Isidro, que tiene pendiente de resolución, desde hace 7 años, un pedido de tenencia de la otra abuela, la de los ovarios como pelotas de básquet.

Demasiadas preguntas mientras Jose Arce, condenado a perpetua por haber planificado el crimen de su ex mujer –con un fallo ratificado por Casación- toma mate en su casa de Pilar junto a su mamá, la abuelita homicida de esta historia de terror. Lo de la prisión domiciliaria se explica por los 86 años de ella y el deteriorado estado de salud de el, por un ACV que dejó secuelas. Lo que no hay manera de explicar es cómo la justicia permite a esta gente criar a las víctimas colaterales de este asesinato: los chicos.


Mientras tanto, la racionalidad es apenas un proyecto de ley (de la Casa del Encuentro, para que los femicidas pierdan la patria potestad de sus hijos) que nadie se decide a tratar en el Congreso.

Mientras tanto, el contador de femicidios supera las 1810 mujeres asesinadas desde el día en que mataron a Rosana (enero de 2008).

Mientras tanto, la sala de espera de la Oficina de violencia doméstica esta atestada de mujeres temblando de miedo, que se miran de reojo y depositan en ese lugar su última esperanza de justicia.

Valeria Sampedro.