jueves, 17 de julio de 2014

Periodismo ¿Cosa de machos?

Pionera de la prensa escrita por mujeres, columnista de Blackie, entrenadora en comunicación y, a esta altura, personaje de culto, Dionisia Fontán cuenta cómo era, ayer nomás, ejercer el oficio desde el anonimato. Memoria y balance de la misoginia mediática, y agarrate porque no se salva ni la Negra Vernaci.


Siete de junio de 1979. Día del Periodista. 
Mirtha Legrand deja los cubiertos y pregunta a la única invitada femenina de su mesa: “Dígame, ¿cómo es posible que en una empresa dirigida por una mujer -doña Ernestina-, las damas no firmen?”. Aquel mediodía Dionisia Fontán soltó la lengua.
“Me mandé flor de discurso y en la redacción se armó jaleo”. Dice flor, dice jaleo y entendemos que ella pertenece a otra generación. Habla y casi llegamos a sentir el humo de los puchos en el ambiente, el traqueteo de las Olivetti, los teléfonos de línea, la teletipo. Y en plena mística, una falda, las uñas pintadas y el metro cincuenta de esta mujer que sólo podía firmar sus notas con una inicial.
“En Clarín yo era D.Fontán. Podía ser Darío Fontán, Domingo Fontán, quién sabía. Le dije a Mirtha que me parecía injusto y recuerdo que aludí lo del viaje a la Luna porque justo se habían cumplido diez años y me resultaba  incongruente: semejante hazaña espacial y las periodistas semiocultas detrás de una inicial. Ridículo” El resto de los comensales, todos varones, mudos masticaban. Ni A.
Conviene aclarar que estamos frente a una colega que nos hizo justicia. Dionisia Fontán –hagámosle honor a su lucha: pongamos su nombre siempre completo- logró visibilizar a las mujeres en el periodismo gráfico. Sin alardes de militancia, ni proclamas feministas, ella exigió igualdad de género, empecinada en que la valoraran estrictamente por su calidad profesional.
“En los diarios había una misoginia absoluta. Las mujeres estábamos relegadas a los temas femeninos, era impensable que pudiéramos escribir sobre política o economía, por ejemplo. Entonces, nos quedaban las notas sociales y los temas hogareños, el cuidado de las plantas, la puericultura, los asuntos de belleza. La sección cocina, en cambio, tenía prestigio” concede con una mueca. Y sí, en su hábitat natural ellas podían tener nombre propio. Y ahí estaba Blanca Cotta, la primera que logró colar su firma (al pie de cada receta). Pero Cora Cané, que lleva más de medio siglo a cargo de sus misceláneas de contratapa debió esperar largos veinticinco años para ver su nombre impreso en letras de molde. Sin ir tan lejos, entrá en la página de Perfil.com y recorré la lista de columnistas… todos tienen pito. Volviendo a lo de Mirtha, te decía: nunca supe si fue coincidencia o si aquel pequeño revuelo televisivo influyó, pero al poco tiempo las mujeres empezamos a firmar nuestras notas. Más de una compañera de redacción me llamó para agradecerme” recuerda Dionisia Fontán.
La señora de las mil anécdotas se desata. Transcribimos: “En la década del ’70 me ofrecieron hacer una columna de interés general en la revista Siete Días. La columna se titulaba La Mujer. Y había que redactar temas de minas, para variar. Cuestioné un par de veces que en un medio apto para todo público, hubiera un espacio dedicado a la mujer, pero no me dieron bolilla. Finalmente saqué ventaja de las limitaciones y empecé a producir los temas que me interesaban. De ser una columna pasó a ocupar media página y luego una página completa.” Por aquel trabajo recibió el premio ADEPA en 1977 y -otra vez- fue la primera mujer en obtener ese reconocimiento.
Sin embargo, ninguno de sus logros fue acompañado de estabilidad económica. Ni laboral. Dionisia Fontán tuvo que reinventarse mil veces. Además de gráfica, hizo radio, televisión y publicó varios libros. Cada desafío implicó volver a empezar. Hoy se presenta como “entrenadora en comunicación”. Y del tema, puede dar cátedra.
“Ahora me doy cuenta de que mi mayor esfuerzo era siempre crear un espacio y mantenerlo. Los espacios eran chiquitos, talle 36 o menos, angostos de caderas, je. Y había que hacerlos engordar. Con Laura de Hoy (columna dominical del diario La Nación 1980-1991) bajé línea y nadie se daba cuenta porque aparecía en el suple infantil y juvenil. Eran temas fuertes para la época, enmascarados en las crónicas de una piba argentina. Nunca en esos 11 años repetí una historia y pasaron tantas cosas. Al país y a la autora. Escribí sobre la falta de trabajo, la discriminación, los padres alcohólicos, la donación de órganos, la elección vocacional. Laura tuvo un amigo desaparecido. Una abuela progresista. Un tío Alberto, como el de Serrat, bien atorrante. Laura visitó a una ginecóloga. Y se anticipó a comentar el tema de los hijos de padres divorciados, cuando todavía no existía la ley.”

”Cuando propuse instalar Radio-grafías en La Nación –la única sección de crítica y comentario radial, que se sigue publicando-, como lo consideraban una novedad, estuve tres meses sin firmar las columnas. Salían todos los martes y se hicieron muy populares. Tuve que insistir mucho para que apareciera mi nombre al pie, ¿podés creerlo? Yo las escribí hasta mayo de 1996.” 

A propósito de la radio…
La radio es, de todos, el medio más machista. Hasta el ochenta y pico, en Rivadavia se negaban a tomar operadoras mujeres. Yo empecé en el 75, con Blackie, en Continental. Y te puedo decir que ella fue una mosca blanca, nadie pudo ocupar su lugar. También trabajé en Del Plata, hasta fines de 1988 y me tocó lidiar con conductores varones que apenas me daban micrófono. Durante los años que frecuenté el fierrito, escuché el mismo latiguillo: Nos hace falta  una voz femenina, aparte de la locutora, claro.
¿Pero no hay grandes voces femeninas en el micrófono?
Contadas con los dedos de una mano. Nora Perlé sigue con el mismo formato de hace más de cuatro décadas. Ella es muy piola y produce o coproduce sus espacios. Betty Elizalde peleó muchísimo por trascender a la locutora. Lo consiguió, tuvo muy buenos ciclos, pero le costaba la continuidad. Es decir, no lograron crecer y permanecer y eso que pudieron haberse convertido en pares de Badía, Bravo o Cacho Fontana. ¿Más ejemplos? Las comentaristas de espectáculos de la vieja guardia integran algunos coros, pero nunca pudieron mantener programas propios y buenos. Alicia Petti, Laura Ubfal... En cambio, Guillermo Blanc se mantiene a través de las décadas y no es mejor que ellas. Para nada. Podría seguir dándote nombres… María O’ Donnell es "la” profesional, aparte de Magdalena, se entiende. Es preparada, sabe de lo que habla, tiene una sólida base gráfica y, como creció entre varones, conoce de fútbol y discute como un tipo.
¿En serio no crees que ahora hay más presencia femenina en la radio?
Sí, pero tampoco las dejan hablar. En las FM hay muchas pibas que festejan las pavadas de los conductores y cada tanto logran meter un bocadito. Lo mismo ha pasado con los chicos, ya veteranos, de la Rock & Pop. Son misóginos. Sólo permanece la Negra Vernaci porque es atrevida y boca de letrina. Única. Si no fuera negocio, ya no estaría. Sus imitadoras no prosperaron.

Volviendo a la gráfica. Pasaron 40 años y los “temas femeninos” de las revistas para la mujer no parecen haber cambiado demasiado.


Me acuerdo la tapa de una revista con un título catástrofe que decía: Tetas o Culo, un debate nacional. Y tantas otras notas: Cómo atraer al hombre de tu vida disfrazada de leopardo, o A la hora del sexo, nada de excusarte con que te duele la cabeza y mil boludeces por el estilo que, por lo visto, las minas compran. La cirugía estética es un regalo que se financia con más cuotas que una heladera, y eso no está mal, pero lo que irrita es la exaltación de la imagen. Sí, lamentablemente la mujer sigue siendo objeto.

Valeria Sampedro

Nota censurada en el sitio Entremujeres de Clarín (mar/2013)
por sentirse aludidas, las editoras decidieron no publicarla.

martes, 15 de julio de 2014

El desafío de criar sin príncipes ni princesas

Ahora que todos los caminos conducen al Patrón del Mal, no puedo dejar de pensar al feminismo como un cartel, con agentes infiltradas en las escuelas, en los teatros, bibliotecas, jugueterías y redes sociales, inoculando su mensaje de igualdad desde el jardín de infantes. Tarea difícil en un país donde hay más femicidios que feministas. Sin embargo existe una corriente pedagógica que inició una cruzada antisexista. Un “colectivo” cultural repleto de criaturitas empoderadas, con madres plomeras y amos de casa, princesas que reniegan de la coronita y mujeres que no saben coser ni bordar, y hasta se niegan a abrir la puerta, cualquier puerta.
Nada que ver con el intento timorato de Disney de colar cada tanto una heroína con algo de carácter –Mérida la protagonista de Valiente, por ejemplo, la más guarra de todas sus doncellas sigue siendo divina aun despeinada, solo que monta a caballo, pone los pies arriba de la mesa y se saca los mocos-. Mientras Rapunzel (uff…) es todavía la niña mimada del imperio de don Walt, este movimiento avanza implacable. Y va dejando un tendal de barbies decapitadas a su paso.
Un prototipo de la pequeña feminista podría ser la nena de 7 años que es furor en Youtube. ¿No la vieron? Se llama Miranda y es como Violencia Rivas en envase chico y pre-ansiolítico. “Las princesas son boludas. Dicen ¡rescátame! y en vez de intentar hacerlo ellas, esperan al príncipe. Seguro viene un señor, le da la manito y la salva, pero que la pibita haga su parte..!”. Para colmo se declara fan de Frida Kahlo.
Desde Cenicienta para acá, la literatura infantil estuvo –y sigue estando- plagada de historias sexistas. Ahí donde empieza a configurarse el ideario femenino, aparecen esas jovencitas deslumbrantes por su hermosura, nunca por su inteligencia, que se instalan como modelo para no desarmar. Cuánto le debemos a Charles Perrault por haber ¿perpetrado? fábulas como La Bella Durmiente y Caperucita. O el propio Barbazul, un femicida serial que atesora los cuerpos de sus ex esposas y conquista a su nueva mujer por la vida de lujo que le ofrece. Vaya moraleja. Qué tal un poco de revisionismo y ya que estamos un escrache al tal Perrault.

Mi mamá me ama, me mima… y es tachera. La Librería de Mujeres Editoras sacó una colección que se enfrenta a tanto panfleto machista disfrazado de librito infantil. “Yo soy igual” se compone de una serie de cuentos de mamás con oficios poco comunes, en general asociados a los hombres: electricistas, cirujanas, taxistas, referís y hasta albañilas (figura en el diccionario, ¡búsquenlo!).
“Preparar la mezcla, poner un ladrillo, colocar una capa de hormigón, luego otro ladrillo y así sucesivamente. Susana es toda una maestra en el arte de levantar paredes y en su barrio todos la conocen…”. Fragmento de Mi mamá es Albañil (Diego Peluffo)
María Victoria Pereyra Rozas es la responsable del proyecto –y autora de uno de los cuentos-: “veíamos que todo lo que había para chicos era igual y quisimos proponer una literatura diferente. Si me preguntás, claro que es intencionada porque va directo a desarmar determinadas estructuras que suelen inculcar los adultos. No es fácil lograr que no se note tanto el discurso, porque además tiene que ser entretenido”.

-¿La igualdad de género es una batalla que debe librarse en el jardín de infantes?
Yo creo que sí. No sé si planteado exactamente como una lucha, pero sí desde la infancia tienen que romperse los estereotipos. Porque es durante la niñez cuando se instalan esas ideas, a través de los libros, los juguetes y las canciones. El chico que hoy lea un cuento donde hay dos papás ya no va a extrañarse cuando vea una pareja homosexual con un hijo. Me parece que hay que empezar por ahí, porque es el momento de mayor absorción.

-¿Y por qué siguen ganando las Barbies?
Definitivamente, contra las estructuras de mercado no es fácil pelear. Las campañas son tan violentamente intensas, que no hay manera de vivir sin saber que existen. No creo que sea ya por un tema de identificación ni de deseo de parecerse a ellas, quiero seguir creyendo que la idea de diversidad ya está instalada entre grandes y chicos desde hace algunos años.

-¿No corremos el riesgo de terminar en un matriarcado?
Qué perderíamos con probar... Jaja. Pero fuera de broma, lo más importante es seguir nombrando las cosas que existen para que la visibilización siga diversificando el mundo en que vivimos.
Gracias Vicky, muy rico todo. Y te vas, te vas bajándole las pulsaciones al deseo irrefrenable de encabezar la primera rebelión de los fratachos. ¡Y que la perdiz la cocine tu abuela! Ese sí que sería un final feliz. ¿En qué estábamos? Ah, en la escena teatral del feminismo hardcore. En Neuquén, la compañía Teatro de Tersites pone en escena “El mirlo canta hasta quedar afónico” una sátira titiritesca sobre una princesa que cuestiona todos los mandatos de sumisión y se carga al reino entero.
También en La Pampa encontramos un grupo (ANDAR) que tiene como escenario las aulas, a partir de salita de 4. “Rosa y Celeste” -de Edith Gazzaliga y Marcelo González- lleva 8 años recorriendo escuelas con una puesta muy simple que en tres escenas viene a cambiarles a los más pequeñitos modelos que muchas veces persisten aún dentro de sus propias casas. Lo más trillado es, para ellos, revelador: el hombre que vuelve a casa del trabajo, se desploma en el sillón para hacer zapping y exige la comida mientras le reprocha a su mujer que no hace nada en todo el día… Pero ellos acaban de ver cómo esa ama de casa corrió para llegar a tiempo con todo y se lo dicen a gritos. El final feliz, aparece con el señor calzándose los guantes para lavar los platos. ¡Aplausos! Edith sonríe con una mueca, pero por las dudas aclara: “No creo que sea una cruzada feminista, es simplemente hablar de igualdad de derechos y de nuevas masculinidades”. Pablito (Escobar) clavó un clavito, qué clavito clavó Pablito.

El brazo musical de este de este Cartel contracultural y antimachista es Majo Turner, una sicaria del pentagrama. Majo armó su repertorio en base a la idea de Vicky Pereyra Rozas –la de la colección Yo soy Igual, indudable alma mater de este movimiento, la Patrona del Bien-. Su cancionero incluye valsecito, rockanroll, murga y hasta una pista de karaoke con parches y redoblantes para que los chicos inventen su propia marcha de protesta. Apenas una discípula si pensamos que María Elena Walsh, hace medio siglo componía Manuelita. ¿Acaso existe manifiesto más sagaz contra la estupidez de las cirugías estéticas?

Valeria Sampedro.
nota publicada en la revista Sophia 
(Abril / 2014)

jueves, 26 de junio de 2014

Corona de Espinas

¿El ocaso de las Reinas de Belleza?

Maldito canon. Maldito tú eres entre todas las mujeres (y maldito el fruto de esa competencia feroz). ¿Qué otra cosa es un concurso de belleza sino la expresión más brutal y primaria de la mujer-cosa? La hilera de adolescentes desfilando, una detrás de otra, cada una con un número; envases en una cinta de montaje que las lleva, como en una fábrica –todas igualitas, muñecas hechas en serie- directo al mercado. Al “super” mercado de beldades.

90.60.90, el número de la Bestia.


Lo que sigue es la hipótesis de la decadencia. Algo debió lograr el feminismo en más de un siglo de lucha por una mujer sujeto. Es cierto, todavía hay muchos (casi un centenar a lo largo del país). Pero cada vez están más cuestionados. Y no logran la repercusión de hace algunas décadas, cuando la miss argentina llegaba a las tapas de revista y la ceremonia se televisaba con expectativa de Martín Fierro. Hoy, toda esa ristra de fiestas populares con una insólita variedad de elecciones de reinas de lo que se te ocurra, están seriamente en la mira. Ya no sólo de agrupaciones feministas, sino de organismos públicos e instituciones que empiezan a pensarlo como una forma de violencia.
“La belleza no es un hecho objetivable. Calificarla y organizar un escenario de competencia es francamente pavoroso” dirá Perla Prigoshin, abogada, psicóloga social especializada en género y titular de la Consavig, una comisión nacional que depende del ministerio de justicia y fue creada en 2012 para coordinar acciones contra la violencia de género. “Desde hace dos años mandamos cartas a los municipios, para la reina del calamar, del tomate, del durazno… es de lo más exótico, cuanto bicho, abrojo, planta o paisaje requiera ser promovido se arma una elección de miss algo. Es un paradigma cultural” volverá a indignarse en un rato.

De Concursos y otras Fealdades.
Llevaría demasiado espacio listar la cantidad de certámenes, fiestitas regionales y/o competencias pueblerinas que terminan con una adolescente coronada. Del Trigo, de la Cerveza, el Salame Quintero, la Peña, el Dulce de Leche, la Bagna cauda. En cada rincón del país sobreviven (triste hábito de federalismo). Con reglamentos que limitan la edad, la altura y hasta el estado civil de las participantes. Muchas veces promovidos por los mismos municipios y hasta con funcionarios públicos como parte del jurado.
En Bariloche, a las postulantes para Reina de la Nieve les dan asesoramiento estético y la ganadora debe comprometerse a cuidar su imagen. En Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, a las chicas que se anotan para la Fiesta del Girasol, les advierten que no mientan, que la ficha de inscripción tiene carácter de declaración jurada y que antes de subir a la pasarela habrá control de datos, incluidas las medidas físicas. Los organizadores de la Fiesta de la Apicultura, en Entre Ríos juran que “se valora a la mujer integralmente, no sólo por su aspecto exterior” y plantean el evento como un “homenaje al género femenino”, pero una de las pasadas se hace en traje de baño. ¿Desde cuándo la abeja reina es una minita en tanga?
Mendoza es un caso aparte. Su fiesta de la Vendimia es la más tradicional de todas, con elección de Reina incluida obvio -¡se hace desde 1936!-. La edición 2014 volvió a ser noticia, pero por un escándalo. En realidad dos, que dejaron en evidencia el lado más rancio de esta clase de eventos. Primero, cuando las autoridades locales pretendieron destronar a la reina distrital de Campo Los Andes, Yamila Escudero, por haber quedado embarazada antes del final de su mandato –algo que el reglamento prohíbe expresamente-; y luego por una absurda “polémica” desatada cuando se supo que la flamante soberana de la Vendimia, Sofía Haudet, milita en una agrupación política.
Vamos por partes. El caso Yamila es el primero que llega a la justicia. La adolescente, de 18 años, presentó una demanda por daños y perjuicios e interpuso una medida cautelar que terminó con un fallo inédito en Mendoza: el juez ordenó al intendente de Tunuyán que pida disculpas públicas por el incidente. Carolina Jacky, abogada de Yamila nos dice que el reglamento debe ser reformado cuanto antes: “cláusulas como la que le aplicaron a Yamila son contrarias a la ley de violencia de género y a los tratados internacionales. ¡Pero si hasta les hacen un Evatest a las chicas para ver si es cierto que no están embarazadas!” confiesa con vergüenza ajena.

Mini nota con la Reina Militante:
-Sofía, ¿cómo llegas a la militancia?
Siempre me interesó lo social. Ya en la secundaria empecé a participar y  estuve a cargo de varios proyectos vinculados con la política. A mí no me convencía eso de “militar”, pero el año pasado  por casualidad un chico me hizo conocer “La Güemes” y me deslumbró. La manera en la que hacen las cosas es tan distinta y pasional que llegué para quedarme.
-Perdón pero, ¿una chica linda además piensa? ¿Y tiene compromiso político!?
Por supuesto! Gracias a dios estamos en una época donde los jóvenes buscan cambiar su realidad. Algunas personas creen que haber militado me condiciona para ser reina; los mendocinos somos muy conservadores, pero yo les digo que se queden tranquilos.
-¿Cómo ves la cultura de la imagen extendida a cada ámbito social en que nos movemos?
Creo que nuestro gran desafío como sociedad es dejar de idealizar la belleza. ¿En qué nos basamos para saber o decir quién es más bello que quién? ¿Cuál es el concepto de hermosura entonces? ¿Importa sólo lo exterior? Son preguntas que debemos hacernos.

Para Perla Prigoshin, la funcionaria de Consavig, “lo que demuestra el avance es que haya una reina que milite. No hay que detenerse en que la piba quiso participar en ese concurso o que soñaba desde chiquita con la corona… Esta es una lucha difícil, porque es contra un sistema cultural. Yo soy una feminista comprometida y cuando engordo dos kilos me vuelvo loca; trabajo todos los días para desarmar mis deslizamientos machistas. Todavía falta mucho, pero hemos logrado cosas.

Es una nenaaaaa!
Cinco años tenía Carola Krizak cuando en setiembre pasado,  la coronaron Reina del Capullo, en la Fiesta Nacional de la Flor. ¿Qué habrá sido de las otras quince nenas que “perdieron” el certamen? Seguro sus familias les explicaron que en realidad lo importante es lo de adentro.
Aunque con escasa prensa, y bastante menos tics y maquillaje que la versión norteamericana, acá también tenemos nuestras pequeñas ´miss sunshine´ adornando eventos regionales. Con  postulantitas que van de los 3 a los 8 años, según el caso. Hay miss Espiguita (una versión aniñada de la Fiesta provincial del Trigo, en Tres Arroyos); reina del Salmoncito en el municipio de Camarones, Chubut; mini reina de la familia en Miramar; pequeña miss Azahar, en Bella Vista; soberana pocket de la fiesta de artesanos de Trelew. Siempre así, en diminutivo.
En San Luis, por ejemplo, armaron este año un concurso de princesitas para celebrar el aniversario de la fundación de la ciudad de La Punta. Hasta ahí más de lo mismo, pero lo insólito es que las nenas ¡debían anotar sus medidas en el formulario de inscripción!
¿Qué medidas serán consideradas más adecuadas? -se pregunta el comunicado que envío con carácter de urgente la Consavig-, y sigue despiadado: “¿qué modelo de niña-mujer se está buscando y promoviendo? ¿Por qué los cuerpos de esas niñas y jóvenes deben ser expuestos y sometidos al escrutinio? ¿Por qué las chicas tienen que ser solteras? ¿Para quienes deben estar disponibles?”
Hay que decir que la provincia de San Luis adhirió el año pasado a la ley 26.485, que busca erradicar cualquier tipo de violencia. Pero las autoridades puntanas no se dieron por aludidas. El evento se hizo de todos modos, aunque sin elección ni jurado. Y todas se llevaron coronita.

¡A Despatriarcar!
En los últimos años, se multiplicaron las acciones contra este tipo de competencias consideradas, cada vez más, una práctica discriminatoria y sexista. Planteos judiciales que antes eran impensados, movilizaciones de grupos feministas, organismos gubernamentales que salen a concientizar y proyectos legislativos que buscan regular o hasta eliminar cualquier clase de fiesta que tenga a la mujer como una mercancía exhibida en el centro de la escena.
“Es necesario abordar la contradicción que se genera en muchos municipios o gobiernos provinciales, que en nombre de la tradición o la cultura popular sostienen y financian estas fiestas donde cosifican a la mujer exponiendo a jóvenes y niñas a un esquema simbólico denigrante y ficticio, mientras promueven políticas públicas en defensa, o protección de los derechos de las mujeres” exhortó hace poco Susana Diéguez, legisladora del Fpv a sus colegas cuando presentó en el recinto su proyecto para democratizar los concursos –varios- que se hacen en la provincia de Rio Negro. Implacable.
Pero si algo faltaba para abonar nuestra hipótesis de la decadencia de esta monarquía de banalidades es lo que pasó con la ganadora del Cola Reef 2013, el más cínico de todos, que elige al mejor culo del verano y nena, por favor date vuelta que no necesito verte la cara. Lis Moreno abrazó su ramo de flores y les dijo al oído a los organizadores que aceptaba encantada representar a la marca en toda Latinoamérica. Con la condición de no volver a exhibir el traste.
Valeria Sampedro
Publicado en la revista Sophia (junio/14)


martes, 24 de junio de 2014

Cynthia de la Vega, la reina destronada (por gorda)

Es mexicana, tiene 22 años, metro ochenta y en 2010 fue elegida la chica más linda de su país (Nuestra Belleza México), lo que suponía un pase directo a la competencia de Miss Mundo. Pero la organización azteca del concurso decidió quitarle la corona “por incumplimiento de sus obligaciones”. Léase: por gorda! Y mandó a otra representante al mundial de belleza.

-Cynthia ¿es cierto que te descalificaron por exceso de peso?
Así es, ante notario público. Por no haberme sometido a la dieta alimentaria y la rutina de ejercicios que tenía establecida. Creo que este tipo de concursos es sólo para mujeres que puedan aguantar críticas, regaños, desveladas, acciones despectivas, etc.

-¿Cuál era el sobrepeso que horrorizó al Comité de sanciones?
Estaba excedida 6 libras (2.7kg)

-¿No pensaste en ir a la justicia?
La verdad es que sí lo pensé, pero en México saben muy bien manejar los contratos y muchas veces desconocemos ciertos puntos pues lo firmas muy rápido al momento de ganar. Además, lo único que podía obtener si ganaba la demanda era ir al concurso del próximo año, que me devolvieran el auto que me había ganado y que me terminaran de pagar los meses que restaban porque el premio se divide en mensualidades como un trabajo, así que preferí sólo dar a conocer la verdad a la opinión pública.

-Después de esta experiencia, ¿Cambió en algo tu mirada acerca del canon de belleza?
No, sigo creyendo que la belleza es interior y que el parámetro que el mundo tiene de la figura corporal está distorsionado. No todas las mujeres tienen la misma complexión ni anatomía; yo estuve en el mundo de la moda desde los 16 años, estaba segura de mi misma y me encontraba en condiciones para representar a mi país. Lo mío fue una injusticia.

-¿Qué le dirías a una adolescente que sueña con ganar uno de estos concursos?
Que se pregunte para qué quiere ganar y si vale la pena hacerlo habiendo tantas otras cosas que hacen brillar a una mujer y realizarse.

Valeria Sampedro.

lunes, 23 de junio de 2014

Beyoncé, o la feminista reina del pop

Tiene una presencia aplastante y un puñado de canciones que se volvieron himnos feministas (aunque las viejas generaciones de mujeres comprometidas con la lucha por la igualdad de género despotriquen diciendo que la afroamericana representa todo eso contra lo que ellas pelean). 
La mujer más influyente del planeta (según la revista Time, ¡¿no será mucho?!), acaba de estrenar un videoclip que escandalizó al mundo fashion. Que va, al mundo entero. Se trata del tercer corte de su quinto disco “BEYONCE”. El tema es “Pretty Hurts”, o La belleza duele y resulta una crítica descarnada sobre los concursos de belleza. El video no tiene desperdicio. Aquí parte de la canción:

Mamá me decía: eres una chica hermosa
Lo que tengas en la cabeza no importa
Péinate, cepilla tus dientes
Lo que vistas es todo lo que importa
Solo otro escenario más
Esta vez voy a conseguir la corona
La TV dice: “mientras más grande, mejor”
Vogue dice: “mientras más delgada mejor”
Las sonrisas plásticas y la negación te pueden llevar muy lejos
Y llorarás cuando el contrato te señale en la oscuridad
Haz dejado un espejo roto
Y los fragmentos de una hermosa chica
La belleza duele
Es el alma la que necesita una cirugía
La perfección es la enfermedad de una nación


este es el link del video.
https://www.youtube.com/watch?v=AOHzGPvhkPY

sábado, 7 de junio de 2014

Croniquera de la calle.

Hay que empezar desterrando cualquier fantasía que se parezca a un aviso de desodorante, o peor, de toallitas femeninas. Eso de la ducha matinal, un desayuno a las apuradas, ¡taxi!, la falda al viento, chatitas, bandolera, un touch de labial y, anotador en mano, la primicia. Puaj!!
Yo transpiro.

El periodismo tiene más estereotipos que mística. La realidad suele ser demasiado cretina para mi máscara de pestañas smoky extravagant. Y si no, esperá que el termómetro marque 37º de térmica y a tu productor se le ocurra que vayas a “hacer calor”. Si el periodismo fabrica realidades, yo debo admitir que hice el calor con más frecuencia semanal que el amor. Conozco cien tipos que fuman y usan anteojos con marco grueso pero nunca vi a ningún Rodolfo Walsh. Quien diga que cada nota es un reto, miente pensando en el Martín Fierro. Y ya que estamos, laburar en televisión te da canjes pero te adosa un montón de prejuicios ajenos por alguna razón que asocia maquillaje con superficialidad.

“Ustedes no tienen horario, ¿no? Te llaman en cualquier momento y salís corriendo.” “Sos más linda personalmente.” “¿La ropa te la dan o la comprás?” “¿Cómo es Santo?”

Ahora mismo, a cara lavada, descalza y en piyama, disfruto de estar escribiendo. Digan lo que quieran, pero también me puedo ganar el sueldo en medibacha. Y acá estoy pensándome y pensando sobre la necesidad que un día tuve de asumir el compromiso. No, esta línea no debería estar. Suena medio grandilocuente. Lo que quiero decir es que quise tomar partido. Durante años la versatilidad me resultó un mérito –la chica simpática de la temporada en Mar del Plata, cronista imparcial de las movilizaciones a Plaza de Mayo, indignada con el aumento del tomate, comprometida cada 7 de agosto: señora, ¿viene a pedir o agradecer?-, pero de golpe se volvió nociva.

Garabateando en mi cuaderno Gloria apareció una idea, la de una Mujer Sujeto que reaccione al bombardeo de tips, a los consejos para disimular los rollos en la cama y a saber si conviene o no tener sexo en la primera cita. En terapia esto sería catarsis, pero al colectivo feminista le gusta hablar de "empoderamiento". Empecé a escribir para un portal femenino; es decir, machista (je). Mis notas le peleaban protagonismo a las cirugías de las celebrities, al bikini bridge y lo último en cavados para atraer todas las miradas de la playa. Aprendí que si usaba la palabra clítoris, la nota ranqueaba mejor. Y así como los músicos mencionan a Pugliese, a mí me funcionaba mucho poner “Rampolla” y “masturbación”.

Tengo comprobado que causa cierto espanto declararse feminista. Por las dudas, yo digo que lo mío es conciencia de género. Nada de andar quemando repasadores porque cuando volves a tu casa después de nueve horas, tu hijo te pasa la factura y se aferra a la niñera como si fueras una extraña, mientras tu marido, moderno y colaborador, te pide que le alcances algo fresco, que está cansado. Que porfa por esta vez cambies vos los pañales, que él después levanta la mesa y saca la basura. Ojo, que entre mis descubrimientos menos pensados está el de la cocina. Pasé de los fideos con aceite y el medio tomate pudriéndose en la heladera, a la reivindicación más fundamentalista -como buena conversa-, casi militancia de la vuelta de la mujer a las ollas y sartenes. Es más, hoy mis canales favoritos, le confieso Santo, no son ni TN ni Canal 13 sino… Utilísima y Gourmet.

Pero hay días en que el ´empoderamiento` se apodera por completo de mí y no tolero ningún atisbo de machismo. Ni que me cedan el asiento en el subte, guay que intenten cosificarme con un piropo por la calle y ni hablemos de que un idiota al volante me mande a lavar los platos. Esos días, en casa pedimos delivery.
Me acuerdo de un informe que propusimos junto a una compañera del canal hace algunos veranos: “Sin tetas hay paraíso”, donde cuestionábamos el presunto ideal de belleza y proponíamos asumir e imponer el escote chato. La nota  planteaba un desafío doble: concientizar al macho argentino de que el tamaño (el nuestro, claro) no importa y colar la palabra tetas en Telenoche. “Lo que irrita es la exaltación de la imagen. Lamentablemente la mujer sigue siendo objeto” me dijo hace poco la colega Dionisia Fontán, con sumo cuidado para no pincharme el globo de mi reciente militancia. Una pionera Dionisia. Fue la primera en tener una columna dedicada a La Mujer, en la revista Siete Días. Y ya se quejaba porque las periodistas quedaban relegadas a temas femeninos –nada de política o economía-, notas sociales y temas hogareños, cuidado de las plantas, puericultura, asuntos de belleza. Estamos hablando de una época en la que las mujeres –atenti con el dato- firmaban sólo con sus iniciales en los principales diarios, a diferencia de los periodistas hombres que figuraban con nombre y apellido. Años setenta, no 1810.

Cuarenta años después, la temperatura en radio parece ser un dato reservado exclusivamente a las locutoras, junto con la lectura de mensajes de los oyentes (¿por qué no habrá hombres al micrófono que nos hagan las PNT?). Y está lleno de programas de televisión con “secretarias” cuyo único rol es alcanzarle al conductor una bandeja o sostenerles el micrófono, ahí paradas sonriendo, estáticas, como un adorno en la pantalla. Eso sí, entre tanto panelista que opina sobre todo -desde el romance Wanda Nara-Icardi hasta del colapso energético, pasando por lo bien que le quedaron las lolas a Vicky Xipolitakis- se reservan un informe para la mujer golpeada del día. Suena horrendo pero la violencia de género se puso de moda y muchos incorporan el tema como parte del show, banalizándolo por completo. Eso, se llama espectacularización de la noticia. Uy, me enojé y me fui para otro lado…

Pensaba que la nota más osada que hice fue una que cuestionaba esa pátina que lo tiñe todo de rosa en las revistas femeninas. El problema es que había sido  escrita nada menos que para una publicación hecha en letras de molde fucsia, las editoras se sintieron aludidas y decidieron bajarla. Una lástima, la autocrítica me parece siempre el mejor punto de partida. Por eso decía al principio eso de que hay que sacudirse la mística. Esta iba a ser una crónica del día a día de una periodista en su trajín cotidiano de salir a buscar y contar las noticias. No me salió escribir sobre cómo peleo cada nota y que amo lo que hago y que lo sigo eligiendo cada día. Salió esto, una crónica en pantuflas. Ni siquiera una crónica.

Valeria Sampedro.
(publicado en Revista Sophia / marzo 2014)