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viernes, 8 de abril de 2016

La rebelión de las princesas.

El imperio de la belleza las coronó, pero ellas dicen no necesitar coronita. No a cualquier precio. La batalla que desde hace años viene librando el feminismo para poner fin a los concursos de belleza, suma ahora nuevas aliadas ¿De qué manera se reinventa el mercado de la belleza, cuando la monarquía parece a punto de caer?

por Valeria Sampedro (para Broadly en español)


Princesa indignada evalúa hacer juicio a quienes la destronaron por “gorda”. Una reina se embaraza desafiando la cláusula que se lo prohíbe expresamente por contrato. Aspirante a miss rapa su cabeza dispuesta a quebrar el arquetipo Rapunzel. Concurso de culos aterciopelados, al borde de la cancelación por un escrache feminista. Algunos ejemplos. Un puñado de anécdotas convertidas en noticias insólitas por los diarios de turno; quién podría imaginar que una barbie de carne y hueso (o viceversa) fuera a rebelarse ante el patriarca. Subidas a los stilettos, sosteniendo pancartas contra la cosificación. ¿Despecho o ideología? 
“Creo que nuestro gran desafío como sociedad es dejar de idealizar la belleza. ¿En qué nos basamos para saber o decir quién es más bello que quién? ¿Cuál es el concepto de hermosura? ¿Importa sólo lo exterior? Son preguntas que debemos hacernos”. Lo dice una morocha argentina de tremendos ojazos verdes, Sofía Haudet, 20 años, reina de la Vendimia 2014 devenida militante de una agrupación política. A siete mil kilómetros de distancia, la venezolana Eva Herbert, mannequin y autoproclamada feminista admite: “No es fácil leer a Germaine Greer y Simone de Beauvoir, autoras que explican cómo el cuerpo de la mujer ha sido convertido a lo largo de la historia en objeto mercantil, sexual y propenso a abusos mientras tú has sido imagen de un sinfín de marcas en trajes de baño, photoshopeada y siempre expuesta a la mirada de los demás”.La presunta contradicción corre por cuenta de quienes todavía creen que la lucha por la igualdad de género se pelea con el bozo sin depilar. A ella, con eso no. “Si te soy sincera –continúa Eva-, en algún momento llegué a confundirme, pero de pronto apareció la respuesta: ¡porque me da la gana! Soy feminista y modelo por dos razones: porque quiero y porque puedo. Yo tengo muy claro quién soy y no considero que por eso lleve una doble vida”.
Guarda si una chica linda, encima se empodera.

Algo parece estar ocurriendo en el reino de las coronas de espinas. “No sé si hay menos cantidad de concursos pero sí creo que han ido perdiendo importancia y cada vez se los cuestiona más” sostiene Cristina Zurutuza, integrante del Consejo Consultivo del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM). Para ella, sólo el hecho de que exista un concurso ´de belleza` es discriminatorio en tanto se resalta la belleza en contraposición de la ´fealdad` y se cosifica a las mujeres por un atributo aislado; aunque pone en discusión la idea de estar ganando una batalla: “Ahora los realities televisados y la profusión de videos y fotos de mujeres en situaciones íntimas que se difunden por internet son los nuevos formatos de cosificación”.

Quizás no estemos asistiendo a un cambio de paradigma sino a una mera metamorfosis. Las viejas prácticas, en nuevas formas. El fin de las monarquías de la belleza por la democratización de la imagen (¿cosificada?) de la mujer.

Mapa del imperio, en pedazos.

Hace unos años, en México, un escándalo sacudió la farándula local. La chica más linda del país, Cynthia de la Vega, ganadora del certamen Nuestra Belleza México 2010, fue despojada de su corona por haber subido de peso. "Estaba excedida 6 libras (2,7Kg). Me informaron que quedaba descalificada por no haberme sometido a la dieta alimentaria y la rutina de ejercicios que tenía establecida. Pensé en recurrir a la justicia, pero acá saben muy bien manejar los contratos y lo único que podía obtener si ganaba la demanda era volver a concursar al año siguiente y que me devolvieran el auto que me habían dado, así que preferí sacar a la luz lo que había ocurrido”. Hoy Cynthia es de las que pregonan acerca de los beneficios de la belleza interior y denuncia el parámetro distorsionado que tiene el mundo sobre la figura corporal.

Colombia atraviesa también cierta declinación de sus concursos de belleza, a pesar de que mantiene un alto perfil en la competencia internacional -de hecho se llevó la corona Miss Universo 2014 y el año pasado llegó a la final-, lo cierto es que ya no generan la expectativa de otras épocas. Florence Thomas, coordinadora del grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia, hace rato viene hablando de la decadencia de estos certámenes, a los que define como estancados en una representación trasnochada de la feminidad. Sin embargo atribuye el ocaso no tanto a la subjetivación de las mujeres como a la incapacidad de los organizadores de modernizar el evento: “No han sabido adaptarse a las imágenes y códigos de la belleza contemporánea, ni a las nuevas referencias estéticas movilizadas por las redes sociales” escribió en un artículo publicado en 2012 en el diario El Tiempo, de Colombia, donde reconoce al feminismo algún mérito por haber logrado complejizar la representación de la mujer, como puntapié del cambio.

En Venezuela no hay caso; la máquina expendedora de misses parece seguir funcionando a la perfección (con el récord de haber coronado más reinas que ningún otro país del continente). "Para los venezolanos difícilmente haya algo más importante que este certámen… no ganarlo es, sin duda, una tragedia nacional” escribe en su blog Marelis Loreto, compatriota, filósofa y feminista cáustica. “¡Antes muerta que sencilla! suele ser el grito de guerra de mis congéneres, cuya conciencia de sí mismas como sujetos queda, al menos, cuestionada” dirá para terminar de cosechar la antipatía de todo el mundillo de beldades.
Pero encontramos una anomalía en esa regla, que viene a sostener la teoría de la insurrección. La chica se llama Jennifer Saa y es –atención con el dato- pelada y negra. La edición 2014 de Miss Venezuela la tuvo como protagonista excluyente y aunque no ganó el concurso, sólo se habló de ella. "Los cánones de belleza nunca pueden ser iguales, no todo lo hace una larga melena, hay muchos otros atributos que pueden hacer resaltar a una mujer dentro de este tipo de concursos. A esta edición llegué yo para romper los paradigmas” repitió ante cada micrófono que se le puso delante.

Paraguay, que también tiene su competencia anual de hermosuras, encontró la manera de evitar ser acusado de discriminatorio y se inventó un Miss Gordita Paraguay (así en diminutivo… vaya demostración de “tolerancia” a las adiposidades) que ya va por su quinta edición.
El año pasado se postularon cientos de mujeres de todo el país. El único requisito, pesar entre 70 y 130 kilos. Los patrocinadores juran que el objetivo es crear conciencia sobre la discriminación que sufren las personas obesas, aunque el premio a la ganadora es un tratamiento para adelgazar con equipo de nutricionistas y un año de membresía en el gimnasio.

En Argentina, la elección de bellezas no queda ajena a la crisis. A pesar de que el debate  llegó al Congreso Nacional, con un proyecto que busca regular los concursos, existen todavía más de un centenar de fiestas regionales cuyo principal atractivo es la elección de una adolescente bien moldeada. Reinas de la flor, de la manzana, del trigo, del mar y de la playa; del zapallo, del salmón, del dulce de leche y sigue la lista, con reglamentos que limitan edad, altura y hasta el estado civil de las participantes. Mientras debaten la manera de democratizar estos eventos, la ciudad de Chivilcoy decidió directamente prohibirlos, por entender que promueven la violencia de género, convirtiéndose en el primer distrito del país en tomar una medida de acción directa.

Pero lo más revolucionario de todo está pasando ahora mismo en Chile. Hace unos meses, en la ciudad de Iquique, lanzaron un taller de desprincesamiento, un proyecto que busca empoderar niñas de 9 a 15 años. La iniciativa partió desde la Oficina de Protección de Derechos de la Infancia y busca darles a esas nenas la chance de crecer libres de prejuicios y estereotipos asociados al género. “Tenemos un modelamiento sociocultural de las mujeres que se inicia desde la niñez y utiliza estrategias de princesamiento asociadas a Disney y otras industrias culturales” explica Yury Bustamante, coordinador de la OPD. El curso agotó en el primer día los magros 20 cupos que tenía habilitados pero generó tal repercusión que ya evalúan extenderlo a toda la región.
                              
“Creo que es correcto que los estados intervengan regulando estos certámenes” vuelve la licenciada Cristina Zurutuza, de CLADEM. “Los gobiernos deben ser garantes de los derechos de las personas, en particular de los derechos humanos” sostiene, y aprovechamos para preguntarle qué tan lejos, cree, estamos del momento en que se extingan definitivamente los concursos de belleza. “No puedo responder a esa pregunta, es poco serio pronosticar futuros.”

No tenemos la primicia, pues. Con suerte los reinos de belleza se irán extinguiendo en la medida en que sus aspirantes dejen de reconocerse en un modelo que se volvió anacrónico por donde se lo mire. Ni banda, ni corona, ni un tribunal de expertos, ni un único modelo de mujer. Los títulos nobiliarios cayeron en desuso hace rato, quien los porta tampoco tiene privilegios ya. Acaso ni siquiera valga la pena el sacrificio, mientras una selfie lo suficientemente provocadora se haga viral y logre en unos cuantos likes, la soberanía estará garantizada.

Valeria Sampedro.
(nota publicada en Marzo/2016 en https://broadly.vice.com/es)

martes, 15 de julio de 2014

El desafío de criar sin príncipes ni princesas

Ahora que todos los caminos conducen al Patrón del Mal, no puedo dejar de pensar al feminismo como un cartel, con agentes infiltradas en las escuelas, en los teatros, bibliotecas, jugueterías y redes sociales, inoculando su mensaje de igualdad desde el jardín de infantes. Tarea difícil en un país donde hay más femicidios que feministas. Sin embargo existe una corriente pedagógica que inició una cruzada antisexista. Un “colectivo” cultural repleto de criaturitas empoderadas, con madres plomeras y amos de casa, princesas que reniegan de la coronita y mujeres que no saben coser ni bordar, y hasta se niegan a abrir la puerta, cualquier puerta.
Nada que ver con el intento timorato de Disney de colar cada tanto una heroína con algo de carácter –Mérida la protagonista de Valiente, por ejemplo, la más guarra de todas sus doncellas sigue siendo divina aun despeinada, solo que monta a caballo, pone los pies arriba de la mesa y se saca los mocos-. Mientras Rapunzel (uff…) es todavía la niña mimada del imperio de don Walt, este movimiento avanza implacable. Y va dejando un tendal de barbies decapitadas a su paso.
Un prototipo de la pequeña feminista podría ser la nena de 7 años que es furor en Youtube. ¿No la vieron? Se llama Miranda y es como Violencia Rivas en envase chico y pre-ansiolítico. “Las princesas son boludas. Dicen ¡rescátame! y en vez de intentar hacerlo ellas, esperan al príncipe. Seguro viene un señor, le da la manito y la salva, pero que la pibita haga su parte..!”. Para colmo se declara fan de Frida Kahlo.
Desde Cenicienta para acá, la literatura infantil estuvo –y sigue estando- plagada de historias sexistas. Ahí donde empieza a configurarse el ideario femenino, aparecen esas jovencitas deslumbrantes por su hermosura, nunca por su inteligencia, que se instalan como modelo para no desarmar. Cuánto le debemos a Charles Perrault por haber ¿perpetrado? fábulas como La Bella Durmiente y Caperucita. O el propio Barbazul, un femicida serial que atesora los cuerpos de sus ex esposas y conquista a su nueva mujer por la vida de lujo que le ofrece. Vaya moraleja. Qué tal un poco de revisionismo y ya que estamos un escrache al tal Perrault.

Mi mamá me ama, me mima… y es tachera. La Librería de Mujeres Editoras sacó una colección que se enfrenta a tanto panfleto machista disfrazado de librito infantil. “Yo soy igual” se compone de una serie de cuentos de mamás con oficios poco comunes, en general asociados a los hombres: electricistas, cirujanas, taxistas, referís y hasta albañilas (figura en el diccionario, ¡búsquenlo!).
“Preparar la mezcla, poner un ladrillo, colocar una capa de hormigón, luego otro ladrillo y así sucesivamente. Susana es toda una maestra en el arte de levantar paredes y en su barrio todos la conocen…”. Fragmento de Mi mamá es Albañil (Diego Peluffo)
María Victoria Pereyra Rozas es la responsable del proyecto –y autora de uno de los cuentos-: “veíamos que todo lo que había para chicos era igual y quisimos proponer una literatura diferente. Si me preguntás, claro que es intencionada porque va directo a desarmar determinadas estructuras que suelen inculcar los adultos. No es fácil lograr que no se note tanto el discurso, porque además tiene que ser entretenido”.

-¿La igualdad de género es una batalla que debe librarse en el jardín de infantes?
Yo creo que sí. No sé si planteado exactamente como una lucha, pero sí desde la infancia tienen que romperse los estereotipos. Porque es durante la niñez cuando se instalan esas ideas, a través de los libros, los juguetes y las canciones. El chico que hoy lea un cuento donde hay dos papás ya no va a extrañarse cuando vea una pareja homosexual con un hijo. Me parece que hay que empezar por ahí, porque es el momento de mayor absorción.

-¿Y por qué siguen ganando las Barbies?
Definitivamente, contra las estructuras de mercado no es fácil pelear. Las campañas son tan violentamente intensas, que no hay manera de vivir sin saber que existen. No creo que sea ya por un tema de identificación ni de deseo de parecerse a ellas, quiero seguir creyendo que la idea de diversidad ya está instalada entre grandes y chicos desde hace algunos años.

-¿No corremos el riesgo de terminar en un matriarcado?
Qué perderíamos con probar... Jaja. Pero fuera de broma, lo más importante es seguir nombrando las cosas que existen para que la visibilización siga diversificando el mundo en que vivimos.
Gracias Vicky, muy rico todo. Y te vas, te vas bajándole las pulsaciones al deseo irrefrenable de encabezar la primera rebelión de los fratachos. ¡Y que la perdiz la cocine tu abuela! Ese sí que sería un final feliz. ¿En qué estábamos? Ah, en la escena teatral del feminismo hardcore. En Neuquén, la compañía Teatro de Tersites pone en escena “El mirlo canta hasta quedar afónico” una sátira titiritesca sobre una princesa que cuestiona todos los mandatos de sumisión y se carga al reino entero.
También en La Pampa encontramos un grupo (ANDAR) que tiene como escenario las aulas, a partir de salita de 4. “Rosa y Celeste” -de Edith Gazzaliga y Marcelo González- lleva 8 años recorriendo escuelas con una puesta muy simple que en tres escenas viene a cambiarles a los más pequeñitos modelos que muchas veces persisten aún dentro de sus propias casas. Lo más trillado es, para ellos, revelador: el hombre que vuelve a casa del trabajo, se desploma en el sillón para hacer zapping y exige la comida mientras le reprocha a su mujer que no hace nada en todo el día… Pero ellos acaban de ver cómo esa ama de casa corrió para llegar a tiempo con todo y se lo dicen a gritos. El final feliz, aparece con el señor calzándose los guantes para lavar los platos. ¡Aplausos! Edith sonríe con una mueca, pero por las dudas aclara: “No creo que sea una cruzada feminista, es simplemente hablar de igualdad de derechos y de nuevas masculinidades”. Pablito (Escobar) clavó un clavito, qué clavito clavó Pablito.

El brazo musical de este de este Cartel contracultural y antimachista es Majo Turner, una sicaria del pentagrama. Majo armó su repertorio en base a la idea de Vicky Pereyra Rozas –la de la colección Yo soy Igual, indudable alma mater de este movimiento, la Patrona del Bien-. Su cancionero incluye valsecito, rockanroll, murga y hasta una pista de karaoke con parches y redoblantes para que los chicos inventen su propia marcha de protesta. Apenas una discípula si pensamos que María Elena Walsh, hace medio siglo componía Manuelita. ¿Acaso existe manifiesto más sagaz contra la estupidez de las cirugías estéticas?

Valeria Sampedro.
nota publicada en la revista Sophia 
(Abril / 2014)