martes, 19 de junio de 2018

VI. Rutina del amor


Ella se levantaba religiosamente antes de las ocho de la mañana. Ponía la pava al fuego, encendía la radio, preparaba el mate y cortaba seis rodajas de pan que colocaba en la tostadora de chapa mientras batía un café instantáneo.
Ocho y cuarto él ya estaba sentado a la mesa. No eran de hablar a esa hora. Ella armaba la listita de compras, la dejaba a un costado,  debajo del cenicero y se ponía a lavar ropa. Él era el encargado de ir al mercadito, al chino, a la panadería. Se quedaba charlando un rato largo con el diariero y aprovechaba para hojear los titulares del día.
Ph. IG: @raichijk_daniel
A eso de las doce ya estaba de vuelta en casa. Ella lo esperaba con la sopa de cabellos de ángel servida y el bifecito (carne, pollo, pescado) ya en la plancha. Comían y ese era el momento más animado, él traía las novedades de la calle, ella le contaba sobre alguna cosa que habían hablado en la radio o le daba la primicia de algún acontecimiento o pelea familiar. Uno levantaba la mesa, la otra lavaba los cacharros, y se iban a dormir una siesta.
La siesta era siempre con la persiana a medio bajar, una mantita sobre las piernas, ella acurrucada a un lado y él ubicado en la misma posición, pegado a ella por detrás y con un brazo cubriéndola.
Después la merienda, un rato de tele mientras ella planchaba y él arreglaba la bicicleta o colgaba un cuadrito o ajustaba una cerradura o reemplazaba el paño de las patas de la mesa.
A ultima hora ella regaba las plantas, él ponía el mantel y preparaba una picadita, cuatro aceitunas, cuatro pedacitos de queso mar del plata, cuatro rodajitas de salamín, dos galletitas sin sal, dos vasos de vino tinto con soda.
A veces después de cenar miraban una película. Otras noches se iban a leer a la cama. Ella leía en voz alta otro capítulo de la novela que nunca faltaba en su mesa de luz.
Y así.

Valeria Sampedro.
#Microhistoriasdeamor

domingo, 17 de junio de 2018

V. Cinco estaciones


Eran los únicos dos, en aquel vagón repleto, que no tenían celular. No en la mano, no alienados por el aparato. 
Ella leía unos apuntes, él iba abstraído, colgado de la agarradera, mentón apoyado en el brazo y pensando en nada, mirando la pared gris moverse del otro lado de la ventanilla. 
Un vaho cítrico delicioso lo sacó de su abulia, buscó de dónde venía y la vio desperezarse dos asientos mas allá. Se miraron un segundo. Ella le sonrió, en el intento de devolver el gesto a él le salió una mueca que le marcó dos hoyuelos adorables en las mejillas y en seguida bajó la vista. 
foto: IG @raichijk_daniel
Él portaba muchos de los rasgos genéricos que a ella la llevaban a gustar de un tipo: alto, desaliñado, pelo castaño, barba de varios días, pero no como esos hipsters prefabricados de los que la ciudad se llenó últimamente. Además sus parpados caídos. Y la mueca.  
Ella a él le pareció encantadora, de facciones delicadas y ojos de caramelo. Y, sobre todo, endemoniadamente sexy. 
Tres estaciones anduvieron mirándose de reojo. Ella había abandonado ya la lectura y hacía garabatos en el margen de la fotocopia con su resaltador verde. Él se debatía entre tomar la iniciativa archivada en algún rincón de su modorra, acercarse, preguntarle aunque sea cómo te llamas. Eso o quedarse en el molde y, a decir verdad, no reunía el coraje suficiente. Encima faltaban dos paradas para Catedral. 
Llegando a 9 de Julio ella se paró, guardó los apuntes en la mochila y se encaminó hacia la puerta. Antes de bajar volvió la cabeza para mirarlo por última vez. Se quedó parada en el andén. Lo vio morderse el labio, con el puño aferrado a la argolla del pasamano, mientras el tren se perdía en el túnel.


Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor.

viernes, 15 de junio de 2018

IV. Intimos desconocidos


Pasá, dijo él. Y ahí estaba ella, parada frente a la repisa de discos, libros, adornitos; el balcón aterrazado, la lámpara, la mesita ratona. Entrar a la casa de alguien por primera vez es empezar a conocer de verdad a esa persona. Sólo hay que saber mirar.
Pasó la prueba del gato sin problemas, lo acarició y a los dos segundos lo tenía ronroneando hecho un bollito al lado suyo. Él apuntó el dato, aunque no dijo una palabra.
Ya estaban a los besos, entreverados en el sillón, la ropa tirada al otro lado del living, cuando ella recordó que no era el día indicado. Tarde para recatos, todo terminó en un baño de sangre. Literal.
De pronto las corridas y en medio del caos otra vez la magia. Un momento plagado de gestos de confianza, de esa íntima familiaridad que tienen las parejas: ella lavándole la remera, él ordenando el cuarto, ella al teléfono paseándose en bombacha por la cocina, él desayunando de parado, ella robándole con la lengua cereales de su boca, para besarlo de nuevo. No parecía ser la primera vez, pero era.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor


domingo, 10 de junio de 2018

III. El primer desamor


El gustaba de ella, se lo había hecho saber. Le escribió cartas, con su nombre rodeado de mil corazones de colores, le regaló bombones, un día le llevó una flor. Hasta que ella le dijo Sí y se pusieron de novios.

Habrá sido la insistencia de él, acaso su dulzura y su atención desmedida que la hicieron sentir halagada y querida. Pero no tenía que ser. A la semana ella le dijo que basta de regalos, que mejor cortar la relación.
Él volvió a casa con el ánimo por el suelo y ni bien entrar anunció: mamá, nos separamos. Se fue a su cuarto y esa noche no quiso cenar.
Ella (la mamá) quedó desconcertada y dolida. Cómo aliviarle una pena de amor a un nene de seis años.
Sobre la mesa de la cocina quedó abandonado un sobrecito con mas corazones recortados y cuatro sugus sin abrir.

Valeria Sampedro. 
#microhistoriasdeamor

sábado, 9 de junio de 2018

II. Margaritas naranjas para un adiós.


Extraña escena. Él llegó al bar con un ramo de margaritas naranjas, dispuesto a dejarla. Nadie te deja después de regalarte flores, pensó ella. Sin embargo, él.
Pero las flores ahí jugaban un papel de agradecimiento, de gesto tierno para apaciguar el adiós. Habían sido muchos años y no sería justo terminar enojados. Se miraron con ternura, con nostalgia de los buenos ratos.
Él pidió la cuenta, le dio un último beso en la mejilla, salió del bar y se puso a andar. Sacó el celular del bolsillo y escribió: qué tenes que hacer esta noche.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

domingo, 27 de mayo de 2018

I. Mejor ni el café


Nadie nunca imaginó que pudieran terminar siendo amantes. Ni ellos mismos. De hecho no llegaron a serlo, aunque estuvieron a un paso. La cita había sido pautada con anticipación: el próximo viernes, acordaron. Por la tarde. Aún no estaba definido el lugar, ni si tomarían café, helado o cerveza. Ella le advirtió, la cerveza me desinhibe, no sé si podrás soportarlo. El retrucó, por qué no.

Se conocían desde hacía años, aunque apenas sabían el uno del otro. De hecho se gustaban, pero era una empatía más bien estética despojada de tensión sexual. Así que aquella mañana en que por casualidad coincidieron en un bar y ella le contó que su matrimonio se venía a pique, él lo lamentó sinceramente y cuando la conversación se adentró por los oscuros senderos de las relaciones él  terminó por confesar que no estaba enamorado de su mujer. 

Pasaron meses hasta que empezaron a buscarse. Tan tímidamente que ninguno recuerda quien fue primero. Las redes sociales son buenas aliadas para la aproximación inicial, de los corazones y likes pasaron al chat privado y enseguida al teléfono. Pronto sumaron horas de conversación; sobre sueños, obsesiones, historias familiares, intercambio de canciones, chismes de gente que conocían en común. A la semana ella tenía un nudo en la boca del estómago y demasiados problemas como para jugar a la adolescente que vive pegada al celular pendiente de que le escriba el chico que le gusta. Él se empeñaba en ser adorable y algo más cauto. Por fin una tarde se animó, si querés nos vemos. Tres minutos después ella respondió: Si, quiero.

Ella imaginó mil escenas posibles. Todas terminaban con un beso. Él, nadie sabe bien qué habrá pensado, o temido, porque unas horas antes del encuentro le explicó que había surgido un trámite. Que mejor ni el café.


Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

domingo, 25 de febrero de 2018

#Aborto. De números, subregistros y mujeres muertas invisibilizadas.

LOS NÚMEROS DEL ABORTO

500.000. La cifra aparece recurrente cada vez que se habla de aborto. En Argentina, medio millón de mujeres (muchas de ellas adolescentes, a veces niñas) interrumpen su embarazo cada año en la clandestinidad. ¿De dónde salen esos datos? ¿En qué estadística figuran? No las busquen en los organismos oficiales, porque no las hay.
“La comunidad científica internacional dice que por cada aborto que se interna, en los países donde el aborto está penalizado, existen diez más que se han hecho pero que no se complicaron. En la Argentina tenemos alrededor de 60.000 internaciones en hospitales públicos por abortos inseguros, sólo hay que hacer el cálculo”. El que habla es Mario Sebastiani, médico obstetra con 40 años de profesión y 11 mil partos en su haber. “En mis primeras prácticas, en el Hospital Larcade, de San Miguel, vi morir mujeres por abortos inseguros. Recorrí el país y te puedo asegurar que aún hoy, a pesar de que se ha extendido el uso del misoprostol para abortar, todavía se recurre, en la desesperación, a la aguja de tejer, el tallo de perejil o la pastilla de permangarato, que provoca una úlcera vaginal terrible” agrega Sebastiani.
Según la Dirección de Estadísticas dependiente del Ministerio de Salud, en 2016 -último relevo disponible- murieron 245 mujeres gestantes; en 43 de esos casos figura directamente “aborto” como causal del fallecimeinto. Entonces ¿podemos decir que las 202 restantes murieron por otras causas? De ninguna manera dirá el dr. Sebastiani, “la estadística se basa en las actas de defunción, que firman los médicos. Muchas veces las instituciones trampean, con buen criterio esos certificados omitiendo la palabra aborto para no criminalizar el caso. Para entender la realidad hay que ver el desagregado del cuadro, las mujeres que llegan a los hospitales producto de un aborto inseguro también mueren por sepsis, hemorragias o falla multiorgánica. Eso es lo que llamamos subregistro, el propio ministerio reconoce que los tiene. Sumados, confirman que el aborto es la principal causa de muerte materna en nuestro país”.
La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito aporta más datos. 6000 mujeres muertas por abortos inseguros desde la vuelta de la democracia hasta hoy, contabilizan. Ya presentaron seis veces el proyecto de ley para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo sin suerte de que siquiera llegue al recinto para el debate. La semana que viene van a insistir, por séptima vez.

Valeria Sampedro.
Nota publicada en la web de TN (25/2/18)

https://tn.com.ar/sociedad/los-numeros-del-aborto-cifras-que-alarman_853154