domingo, 15 de julio de 2018

XVI. La ventana daba al mar


Les encantaba fumar y quedarse colgados analizando letras de canciones.
Ese verano habían alquilado una cabaña con vista a la playa. Se levantaron tardísimo, ella preparaba un brunch (mezcla de desayuno tardío y almuerzo) con huevos revueltos, jugo de pomelo, rollitos de queso, tostadas de pan integral, manteca y miel. Él paveaba con la camarita del celular, le sacaba fotos a ella de espaldas, a su culo en bombacha, al recorte de su cintura a través de la musculosa gastada, al lunar estratégico del omóplato.

Ph. IG: @raichijk_daniel
Sonaba la canción de Estelares (el corazón sobre todo), ella tarareaba de memoria cuando de pronto se dio vuelta extasiada. Poné de nuevo esa parte, ordenó.

<< La ventana daba al mar, ahora hay tormenta de arena en toda la santa alacena  >>

La última seca les ayudó a comprender. Estaban ante la síntesis perfecta de una historia de amor hecha cenizas. En una sola frase. Y sintieron miedo; miedo de que a ellos también les pase, que algún día, aquel idilio de cotidianidad, calentura y arrumacos, termine convertido en hastío.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

viernes, 13 de julio de 2018

XV. Métodos para olvidarte


Mentira que no se pueda. Qué es eso de que el corazón manda. El corazón es un músculo y hay que cuidarlo del infarto, no del desamor. El resto es la cabeza, y a la cabeza se la educa.
A olvidar también se aprende. Lo escribió en mayúscula y pegó el papel con dos imanes en la puerta de la heladera. Sabía muy bien adónde la llevaba la ansiedad cada vez que le daban ganas de llamarlo, mandarle mensajes, enviarle una indirecta multiplataforma.
Así que, además de comprar muchos postrecitos de chocolate y algo de fruta se armó un listado de actividades para hacer cada vez que se acordara de él.

Ph. IG: @raichijk_daniel
-leer
-escuchar música (Spotify, lista desapego)
-editar fotos
-comer chicles
-salir a correr
-dar una vuelta en bici
-pintarme las uñas
-llamar a alguna de las chicas
-escribir todo lo que me gustaría decirle, hacer un bollo y tirarlo a la basura.

Eso, y un instructivo a mano con todas las razones por las que NO vale tanta pena.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

martes, 10 de julio de 2018

XIV. El decorador


Cuando le pasaron el contacto por wapp ni reparó en el bombón que ahora estaba a punto de tocar el timbre. Simplemente acordó un horario y se puso a armar la lista de cosas que le faltaban para equipar su flamante departamento.

Estaba entusiasmada con la idea de tener un hogar a su medida y por primera vez iba a permitirse pagar a alguien que la asesorara. Basta de cachivacheríos, la silla regalada, el mueblecito de la abuela, la lámpara de oferta, el tapiz de un ex. Empoderarse también era contratar un decorador.

Ph. IG: @raichijk_daniel
Cuando se anunció en el portero eléctrico su voz resonó en el auricular como venida de una caverna. A ella le pareció más gruesa de lo que esperaba; a decir verdad, más varonil. Un minuto después lo miraba incrédula entrar a su casa, los ojos más lindos del planeta, el sobretodo puesto y un metro en la mano.

Ella en medias, una remera vieja, el jean mas rotoso que tenía y su vincha de entrecasa. Daba muy desaliñada pero sabía que estaba sexie así que se tranquilizó.

Recorrieron el departamento, midieron todo lo que había que medir, sonrieron lo suficiente y, cuando ya no quedaba nada por hacer, ella le dijo tengo un par de cervezas en el freezer, ¿querés?


Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

domingo, 8 de julio de 2018

XIII. Me voy


La negación como mecanismo de supervivencia. 
Ella le había dicho que basta, que así no podían seguir. Hacía rato que se lo había dicho, pero él nada. La miraba con la mirada un poco perdida, reclinado en la silla de la computadora, los pies sobre el escritorio. Ella no terminaba de entender si era por indiferencia, hartazgo, impotencia.
Ph. IG: @raichijk_daniel
La miraba fijo. ¿La escuchaba?
No respondía. ¿No tenía nada para decir?

Así un montón de veces. Un montón. Hasta el día en que ella empezó a embalar sus cosas. Los libros, la ropa, dos cajas de fotos impresas (de esa última y sus anteriores vidas). Su mate, su mesita de luz, sus plantas. Su nudo en la garganta.

Sonó el timbre, ¡bajo!
Chau. Te dejo las llaves acá.
...
No, no iba a decir nada.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

jueves, 5 de julio de 2018

XII. Ella en mi cama


No estaba en sus planes volver a enamorarse. Ya una vez le habían roto el corazón y cuando logró sobreponerse juró no sufrir más. No por amor.

Se trazó una vida sin sobresaltos. Salía a correr tempranito, después iba a trabajar, algunas tardes andaba en bici, los viernes jugaba al tenis, los fines de semana se juntaba con amigos. Iba al cine regularmente, por las noches se servía una copa de vino y cocinaba gourmet para un sólo comensal. La casa estaba en completo orden y su rutina se parecía bastante a la felicidad.

Lo único que extrañaba de su vieja vida era cuando, en invierno, ella se acurrucaba hecha una bolita bajo el edredón, enroscaba sus larguísimas piernas con las de él y juntos se calentaban los pies. En lo años que llevaba de soltería no había encontrado la forma de reemplazarla. Se compró medias de llama, planchaba las sábanas antes de acostarse, hasta llegó a poner una palangana hirviente a los pies de la cama. Nada como ella.

Una tarde estaba de compras en Farmacity cuando vio una bolsa de agua caliente asomada en el estante de la última góndola. Corrió a su encuentro. Quedaba sólo una. Se aferró a ella y lo supo. Ya no pasaría más frío.

Ya no volvería a estar solo.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

lunes, 2 de julio de 2018

XI. Paseo nocturno


Andaba contrariado esos días. Algo de su capacidad afectiva había empezado a tambalear. Años de experiencia, desamores, un divorcio encima, algún enamoramiento fugaz y por fin una relación sanadora. Qué más podía pedir. Sin embargo un ruido.

Ph. IG: @raichijk_daniel
Los primeros años de esta última pareja habían sido realmente buenos. Y ahora, detectaba una fatiga, nada grave. Además, pensó, ya estaba grande para andar con el corazón a los tumbos. Para taquicardia nada mejor que un control anual con el cardiólogo, largar el pucho y en tal caso retomar terapia. Qué ganas de joder.

Pero la idea de conformarse no lo dejaba dormir. Entonces salía a dar paseos nocturnos, la campera con capucha para esconderse un poco más del mundo. Caminar sin rumbo, hasta que las piernas no dieran más, hasta que la cabeza se callara de una vez.

Una de esas noches, de la nada, pensó en soltar el control. No tengo la más puta idea de hacia dónde ir, pero sé dónde no quiero terminar. Fue hasta un kiosco, pidió prestada una birome y se escribió en el brazo "La vida no es una bitácora de viaje".

Despues volvió a casa, se preparó un café negro, tomó valor y marcó su número. Hola, perdón la hora. Tenemos que hablar.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

viernes, 29 de junio de 2018

X. Toc toc


Así empezó todo. Con una onomatopeya en el asunto de un mail que decía “Permiso, lo mío es una frivolidad: hace mucho que no veía una cara como la tuya. Te dejo una canción ad-hoc y un beso en los párpados”. Esas dos oraciones y el link de I´ve just seen a face, de Lennon.
Adelante, respondió ella. Y sintió que en ese instante rompía la coraza.
A los tres días tomaban una cerveza en un bar de Palermo. A la semana ella iba a verlo a su departamento; descalza y con su vestido batik violeta y verde apropiándose de los dos cuerpos del sillón. A las dos horas rebanaban una pieza de sushi comprada en el barrio chino, descorchaban un tinto, él tocaba la guitarra y ella cantaba una que supieran los dos. A los cinco minutos se desvestían en la habitación.

Ph. IG: @raichijk_daniel

-¡Buen día! Fue un sueño?
-Hola hermosísima. Pensaba que las partículas del azar, si tuviera partículas, de pronto se alinean y sale una noche así.

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-Vos decís que es demasiado pronto para volver a verte?
-Yo digo que ya te extraño.
-Me invitas a dormir la siesta?

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-Mariposas. Puedo resultar empalagosa, lo sé. Pero las muy hijas de puta no se me van del estómago.
-No paro de pensar en vos. ¿Qué hago?

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-Tu mirada. No se qué es pero me gusta mucho lo que me decís cuando me miras. Te dejo una caricia en la quijada.
-Te lo voy a decir torpemente y a las apuradas. Cuando estoy con vos me pasa de todo. Y cuando no, también.

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-Y si ponemos pausa, paramos el mundo y nos dedicamos a hacer el amor (en el más amplio, amplísimo sentido de la palabra). Sos la única persona con la que me interesa hacer algo.
-pará, que no se qué responder.


Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor.