viernes, 8 de abril de 2016

La rebelión de las princesas.

El imperio de la belleza las coronó, pero ellas dicen no necesitar coronita. No a cualquier precio. La batalla que desde hace años viene librando el feminismo para poner fin a los concursos de belleza, suma ahora nuevas aliadas ¿De qué manera se reinventa el mercado de la belleza, cuando la monarquía parece a punto de caer?

por Valeria Sampedro (para Broadly en español)


Princesa indignada evalúa hacer juicio a quienes la destronaron por “gorda”. Una reina se embaraza desafiando la cláusula que se lo prohíbe expresamente por contrato. Aspirante a miss rapa su cabeza dispuesta a quebrar el arquetipo Rapunzel. Concurso de culos aterciopelados, al borde de la cancelación por un escrache feminista. Algunos ejemplos. Un puñado de anécdotas convertidas en noticias insólitas por los diarios de turno; quién podría imaginar que una barbie de carne y hueso (o viceversa) fuera a rebelarse ante el patriarca. Subidas a los stilettos, sosteniendo pancartas contra la cosificación. ¿Despecho o ideología? 
“Creo que nuestro gran desafío como sociedad es dejar de idealizar la belleza. ¿En qué nos basamos para saber o decir quién es más bello que quién? ¿Cuál es el concepto de hermosura? ¿Importa sólo lo exterior? Son preguntas que debemos hacernos”. Lo dice una morocha argentina de tremendos ojazos verdes, Sofía Haudet, 20 años, reina de la Vendimia 2014 devenida militante de una agrupación política. A siete mil kilómetros de distancia, la venezolana Eva Herbert, mannequin y autoproclamada feminista admite: “No es fácil leer a Germaine Greer y Simone de Beauvoir, autoras que explican cómo el cuerpo de la mujer ha sido convertido a lo largo de la historia en objeto mercantil, sexual y propenso a abusos mientras tú has sido imagen de un sinfín de marcas en trajes de baño, photoshopeada y siempre expuesta a la mirada de los demás”.La presunta contradicción corre por cuenta de quienes todavía creen que la lucha por la igualdad de género se pelea con el bozo sin depilar. A ella, con eso no. “Si te soy sincera –continúa Eva-, en algún momento llegué a confundirme, pero de pronto apareció la respuesta: ¡porque me da la gana! Soy feminista y modelo por dos razones: porque quiero y porque puedo. Yo tengo muy claro quién soy y no considero que por eso lleve una doble vida”.
Guarda si una chica linda, encima se empodera.

Algo parece estar ocurriendo en el reino de las coronas de espinas. “No sé si hay menos cantidad de concursos pero sí creo que han ido perdiendo importancia y cada vez se los cuestiona más” sostiene Cristina Zurutuza, integrante del Consejo Consultivo del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM). Para ella, sólo el hecho de que exista un concurso ´de belleza` es discriminatorio en tanto se resalta la belleza en contraposición de la ´fealdad` y se cosifica a las mujeres por un atributo aislado; aunque pone en discusión la idea de estar ganando una batalla: “Ahora los realities televisados y la profusión de videos y fotos de mujeres en situaciones íntimas que se difunden por internet son los nuevos formatos de cosificación”.

Quizás no estemos asistiendo a un cambio de paradigma sino a una mera metamorfosis. Las viejas prácticas, en nuevas formas. El fin de las monarquías de la belleza por la democratización de la imagen (¿cosificada?) de la mujer.

Mapa del imperio, en pedazos.

Hace unos años, en México, un escándalo sacudió la farándula local. La chica más linda del país, Cynthia de la Vega, ganadora del certamen Nuestra Belleza México 2010, fue despojada de su corona por haber subido de peso. "Estaba excedida 6 libras (2,7Kg). Me informaron que quedaba descalificada por no haberme sometido a la dieta alimentaria y la rutina de ejercicios que tenía establecida. Pensé en recurrir a la justicia, pero acá saben muy bien manejar los contratos y lo único que podía obtener si ganaba la demanda era volver a concursar al año siguiente y que me devolvieran el auto que me habían dado, así que preferí sacar a la luz lo que había ocurrido”. Hoy Cynthia es de las que pregonan acerca de los beneficios de la belleza interior y denuncia el parámetro distorsionado que tiene el mundo sobre la figura corporal.

Colombia atraviesa también cierta declinación de sus concursos de belleza, a pesar de que mantiene un alto perfil en la competencia internacional -de hecho se llevó la corona Miss Universo 2014 y el año pasado llegó a la final-, lo cierto es que ya no generan la expectativa de otras épocas. Florence Thomas, coordinadora del grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia, hace rato viene hablando de la decadencia de estos certámenes, a los que define como estancados en una representación trasnochada de la feminidad. Sin embargo atribuye el ocaso no tanto a la subjetivación de las mujeres como a la incapacidad de los organizadores de modernizar el evento: “No han sabido adaptarse a las imágenes y códigos de la belleza contemporánea, ni a las nuevas referencias estéticas movilizadas por las redes sociales” escribió en un artículo publicado en 2012 en el diario El Tiempo, de Colombia, donde reconoce al feminismo algún mérito por haber logrado complejizar la representación de la mujer, como puntapié del cambio.

En Venezuela no hay caso; la máquina expendedora de misses parece seguir funcionando a la perfección (con el récord de haber coronado más reinas que ningún otro país del continente). "Para los venezolanos difícilmente haya algo más importante que este certámen… no ganarlo es, sin duda, una tragedia nacional” escribe en su blog Marelis Loreto, compatriota, filósofa y feminista cáustica. “¡Antes muerta que sencilla! suele ser el grito de guerra de mis congéneres, cuya conciencia de sí mismas como sujetos queda, al menos, cuestionada” dirá para terminar de cosechar la antipatía de todo el mundillo de beldades.
Pero encontramos una anomalía en esa regla, que viene a sostener la teoría de la insurrección. La chica se llama Jennifer Saa y es –atención con el dato- pelada y negra. La edición 2014 de Miss Venezuela la tuvo como protagonista excluyente y aunque no ganó el concurso, sólo se habló de ella. "Los cánones de belleza nunca pueden ser iguales, no todo lo hace una larga melena, hay muchos otros atributos que pueden hacer resaltar a una mujer dentro de este tipo de concursos. A esta edición llegué yo para romper los paradigmas” repitió ante cada micrófono que se le puso delante.

Paraguay, que también tiene su competencia anual de hermosuras, encontró la manera de evitar ser acusado de discriminatorio y se inventó un Miss Gordita Paraguay (así en diminutivo… vaya demostración de “tolerancia” a las adiposidades) que ya va por su quinta edición.
El año pasado se postularon cientos de mujeres de todo el país. El único requisito, pesar entre 70 y 130 kilos. Los patrocinadores juran que el objetivo es crear conciencia sobre la discriminación que sufren las personas obesas, aunque el premio a la ganadora es un tratamiento para adelgazar con equipo de nutricionistas y un año de membresía en el gimnasio.

En Argentina, la elección de bellezas no queda ajena a la crisis. A pesar de que el debate  llegó al Congreso Nacional, con un proyecto que busca regular los concursos, existen todavía más de un centenar de fiestas regionales cuyo principal atractivo es la elección de una adolescente bien moldeada. Reinas de la flor, de la manzana, del trigo, del mar y de la playa; del zapallo, del salmón, del dulce de leche y sigue la lista, con reglamentos que limitan edad, altura y hasta el estado civil de las participantes. Mientras debaten la manera de democratizar estos eventos, la ciudad de Chivilcoy decidió directamente prohibirlos, por entender que promueven la violencia de género, convirtiéndose en el primer distrito del país en tomar una medida de acción directa.

Pero lo más revolucionario de todo está pasando ahora mismo en Chile. Hace unos meses, en la ciudad de Iquique, lanzaron un taller de desprincesamiento, un proyecto que busca empoderar niñas de 9 a 15 años. La iniciativa partió desde la Oficina de Protección de Derechos de la Infancia y busca darles a esas nenas la chance de crecer libres de prejuicios y estereotipos asociados al género. “Tenemos un modelamiento sociocultural de las mujeres que se inicia desde la niñez y utiliza estrategias de princesamiento asociadas a Disney y otras industrias culturales” explica Yury Bustamante, coordinador de la OPD. El curso agotó en el primer día los magros 20 cupos que tenía habilitados pero generó tal repercusión que ya evalúan extenderlo a toda la región.
                              
“Creo que es correcto que los estados intervengan regulando estos certámenes” vuelve la licenciada Cristina Zurutuza, de CLADEM. “Los gobiernos deben ser garantes de los derechos de las personas, en particular de los derechos humanos” sostiene, y aprovechamos para preguntarle qué tan lejos, cree, estamos del momento en que se extingan definitivamente los concursos de belleza. “No puedo responder a esa pregunta, es poco serio pronosticar futuros.”

No tenemos la primicia, pues. Con suerte los reinos de belleza se irán extinguiendo en la medida en que sus aspirantes dejen de reconocerse en un modelo que se volvió anacrónico por donde se lo mire. Ni banda, ni corona, ni un tribunal de expertos, ni un único modelo de mujer. Los títulos nobiliarios cayeron en desuso hace rato, quien los porta tampoco tiene privilegios ya. Acaso ni siquiera valga la pena el sacrificio, mientras una selfie lo suficientemente provocadora se haga viral y logre en unos cuantos likes, la soberanía estará garantizada.

Valeria Sampedro.
(nota publicada en Marzo/2016 en https://broadly.vice.com/es)

viernes, 1 de abril de 2016

El flagelo de mis fantasías sexuales (machistas).

Hay una fantasía recurrente que me detona la cabeza cada vez que apelo a la excitación urgente, que es casi siempre (las que tengan hijos en edad escolar sabrán comprender a lo que me refiero). La de la mucama me funciona a la perfección. Lo sé, es todo lo que una feminista que se precie no debería siquiera pensar -mucho menos contarlo y ni te digo publicarlo en una revista-; por estigmatizante, arquetípica y asquerosamente machista. Pero me resulta de lo más efectiva. Le siguen la del mecánico y la del doctor. ¡No fallan! Pura sumisión.

Cuando el nene duerme la siesta, las veces que la abuela lo lleva a la plaza o si se queda un rato con su hermano mayor; en fin. Las ocasiones son contadas y cuando se dan una corre al desodorante, camisolín, un buche de pasta dental y en seguida a los besos para entrar en calor. No hay tiempo para elaborar una seducción igualitaria y entonces se manotea la fantasía que se tiene más a mano.

No pienso entrar en detalles. Sólo diré que es mi minuto patriarcal del día. Qué digo del día, con suerte de la semana. Un abrir y cerrar de ojos basta para representar la escena (el mejor afrodisíaco es la imaginación, no los disfraces). Después, qué importa del después, si ya la ratonera está revuelta y el amor al borde del orgasmo. Pero con el cigarrillo llega la culpa; una culpa peor que la de la Iglesia, porque no hay plegaria que te salve.

Levante la mano aquella que nunca fantaseó con el profesor de gimnasia. No me vengas con que haces pilates y que la clase de modeladora la da una mujer. Sabés a qué me refiero. A cuando en la penumbra la cara de tu marido se desdibuja hasta convertirse en un completo desconocido y vos beboteando de manera patética, como en el más verde de los sketches de Francella.

Si leíste hasta acá sin indignarte es porque te sentís dramáticamente identificada. Nos pasa a casi todas. Somos mujeres libres, emancipadas, económicamente independientes, peleamos por ocupar espacios de poder y militamos por el fin de la cosificación. Pero así como hemos logrado apropiarnos de nuestros cuerpos y asumir el propio placer, hay territorios que el feminismo no supo conquistar todavía. El hemisferio donde anida la libido es uno de ellos; el enano machista sigue atrincherado en nuestras cabezas.

Culpa de la industria del sexo que nos empobreció con fantasías primarias, hechas a medida del macho proveedor. Y cuando, un buen día, nos creímos empoderadas nos vinieron con la pedorrada de las Cincuenta Sombras de Gray para hacernos creer que “la onda” ahora, es que nos peguen con un látigo. Porque el chirlo, ya fue.


Valeria Sampedro.
Publicado en Revista ParaTi (1/4/2016)

jueves, 18 de febrero de 2016

Vicu Villanueva, feminismo trash adolescente

Quizás ser puta no sea el problema. Quizás haya algo que está mal con el sistema que te dice qué revista tenés que leer y te dice qué ponerte y qué comer. Y te dice cuántas veces, cómo y cuándo hay que coger.

Párpados de purpurina, uñas despintadas tocando con fruición el ukelele. Es Vicu, Vicu Villanueva con sus mechas de un color distinto cada vez, que te mira con ojos chispeantes desde el otro lado de la pantalla. Ella desafinándote en la cara su feminismo trash adolescente.
La piba youtuber, de incipientes 21 años, se abrió camino en el mundillo virtual -donde todos tienen algo que decir- con un cancionero contra los estereotipos y el patriarcado que acumula decenas de miles de visitas.

Veo un afiche de lencería, la imagen es de una preadolescente en tanga, rubia y ligeramente desnutrida. No tiene celulitis, tampoco tiene estrías, ni granos... Gracias a este concepto nos rodean los esqueletos, que padecen de complejos y anorexias.

Vicu se la agarra también contra el mundo Disney (¿revisionismo animado? Algo así). En una de sus canciones advierte que la Bella Durmiente nunca dijo que sí al presunto amado; que la Sirenita renuncia a todo y hasta enmudece para conquistar a su príncipe azul. Y que, todo bien con Blancanieves, pero la ponían a lavar y cocinar para siete tipos.
Hay más. Acaso el hit sea “Feminazi” un intento osado de la piba youtuber de ponerse en la piel de esos machos que no entienden nada, NADA, de nuestra lucha.

Me tienen cansada estas feministas
que se hacen las rebeldes y al final son re minitas
no me cierra que seas feminista y después
tengas ganas de casarte y tener hijos, depilarte las axilas
que te expreses me incomoda, me incomoda, me incomoda
si vas a abrir la boca, mamita, que sea para tragártela toda toda TODA.


Valeria Sampedro.

viernes, 22 de enero de 2016

Mi autoestima no depende de tu like


>> Entrando a clase de Hatha Yoga. Desconecto x una hora. Ommmm

Por un rato el alma. Respiración, mudra. Un poco de conexión con el adentro en vez de tanto tuit. Aunque sea una hora, dos veces a la semana. Llegar a un lugar que no es tu casa, descalzarte y experimentar la abstinencia del smartphone ya es todo un gesto de espiritualidad.
Saludo al sol, trikonasana, postura del león (no, nada que ver con el kamasutra amigos): sentada sobre los talones, brazos estirados, ojos apuntando al entrecejo, la lengua afuera.
Tu cara más ridícula y que nadie esté mirando. ¡Qué alivio!

>> #QueNadieEstéMirando debería ser un mantra.

Un pelado en ojotas y pantalón de bambula da la bienvenida; se escuchan pajaritos, hilos de agua, soplos de viento; al rato ya te sentís parte de un paisaje de ensueño, entregada al ir y venir del aire. Tu prana en franca expansión, los chakras a punto de alinearse… cuando, de golpe, se escucha la vibración. De un celular.

Suficiente para dinamitar cualquier intento de abstracción. Entonces comprendés, en ese mismo instante, que todo lo que te rodea es una farsa. Qué hago acá en el piso con esta gente, cruzada de piernas y oliendo a sahumerio. Pretendiendo un más allá, si en lo único que estoy –estamos- pensando es en salir corriendo a nuestros morrales de feria para chequear el whatsapp. Estoy quemada si pago 700 pesos por un retiro espiritual que consiste en apagar el teléfono y encerrarme en una habitación a respirar profundo. Respiro profundo porque no soporto tener el celu apagado. Esa es la verdad. Mejor me hago cargo y entro en el centro de Rehabilitación para Onanistas Virtuales que me recomendó Erica García.

>>Mi autoestima no depende de tu like

Todo bien con el intento de bajar un cambio, pero sepamos que es un snobismo y que este almita zen hecha de pasiflora se esfumará apenas crucemos el umbral: cuánto tardaremos en postear otra selfie. Vamos chicas, de nuevo a sonreír o poner trompita, meter panza, sacar cola, apretar los brazos en un último intento por dignificar el escote; la frescura sobreactuada, un filtro de Instagram y muchos, muchos megusta.

El señor bambula lo sabe.
Entiende perfectamente adonde vino a poner su instituto de yoga y descarga su lección del día: “Sacúdanse el ego –dice-. Anden livianos”. Relajación, om shanti y hasta el próximo martes.
Subo a mi bicicleta de paseo acquamarina con canasto de mimbre para volver a casa y me quedo pensando: voy a tener que hacer algo con mi propia estupidez. Sobre todo ahora que llegué a los 10 mil seguidores de Twitter.
¿Llegué?

ValeriaSampedro.
nota publicada en ParaTi el 22/1/16

lunes, 18 de enero de 2016

#NiUnaMenos, el desamparo continúa..

La diferencia es cuando te pasa a vos. Cuando la amenaza de muerte, el golpe, los gritos, la humillación, la fuerza bruta del violento te sacuden de cerca y  gana el desamparo. Cuando el #NiUnaMenos deja de ser una consigna de lucha y se convierte en un grito urgente desesperado, donde la que está en riesgo es tu hermana, tu vieja, tu mejor amiga. Ahí no funciona el slogan -llamá al 144, animate a pedir ayuda-; necesitas la respuesta ya. Y vivis en carne propia esa historia a la que tantas veces le pusiste el micrófono. Salas de espera, horas de trámite, comisarías, juzgados.. para conseguir, con suerte, una medida de protección.

La que sigue es una historia real. Pasa ahora, pasó este fin de semana. Voy a llamar M a la víctima.

El sábado a la noche M volvía con su beba de 9 meses a su casa cuando vio que la esperaba en la puerta el padre de su hija. Habían peleado más temprano y él estaba enfurecido porque ella no contestaba el teléfono desde hacía horas. Primero fueron insultos, después empujones, patadas, hasta que la agarró del cuello y la amenazó de muerte. Una vecina vio la escena, en plena calle y llamó a la policía. El, cobarde, se escapó corriendo.

M fue a la comisaría e hizo la denuncia. Se la tomaron sin problemas, hasta la contuvieron y la llevaron a su casa en patrullero. Al día siguiente tocó ir a la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema. Excepto porque estuvo casi seis horas allí -en épocas de feria judicial hay baches entre los turnos y M llegó justo cuando terminaba el de las 18hs.- le brindaron excelente atención (psicóloga, asistente social, abogada, médico legista). Se fue de ahí con un papelito que acredita que su caso es de Alto Riesgo.

Ahora faltaba el derrotero judicial.

Esta mañana, el juzgado de turno (nro.25) dictó un mes de restricción de acercamiento al violento. Solo eso. M exigió también un botón antipánico, que primero le negaron y al rato terminaron cediendo, tanto protestar..

Ninguna de estas medidas está vigente todavía. Falta ir a buscar el botón a Barracas (sede de la Policía Metropolitana), además hay que ir a ambas comisarías (la que corresponde a la vícitima y la del “presunto” victimario) para notificarlas de la decisión del juzgado. No se olvide de llevar fotocopias de este papel, señora (fotocopias?! año 2016). ¿Sería mucho pretender que el juzgado notifique a la policía?

El dato menor -porque a las que viajamos en taxi, tenemos wifi y gps esto no nos pasa- es que todo el recorrido descripto (comisaria, ovd, juzgado y sede de la metropolitana) implicó colectivos, combinaciones de subte, cuadras y cuadras al sol, horas de espera. Siempre con la beba en brazos.

Todo, por un mes de tranquilidad. Después conseguite un abogado y fijate si podes ampliar la medida judicial, le aconsejaron antes de irse.

Mientras tanto, en estos dos días el teléfono no paro de sonar y mandar mensajes.
"Perdoname, me fui al carajo. Te quiero"
"Hija de remil putas atendeme”
"Tenes fecha de vencimiento”

Valeria Sampedro.

domingo, 1 de noviembre de 2015

El clítoris de Ayelén Paleo

Hablemos del clítoris de Ayelén Paleo. Ojo, no tengo ningún pudor sobre el tema y milito porque cada mujer haga con su cuerpo lo que se le cante, aunque verlo tan en primer plano, que me asalte un clítoris a la vuelta de una página de revista, debo reconocer, me resultó chocante. ¿Qué necesidad de exhibir tan abiertamente esa lonja de carne íntima y por demás sensible?

Claro que la revista en cuestión es Playboy. Pero pensaba, ahora lo escribo, que justo antes de anunciar el fin de los desnudos esto debe ser una especie de catarsis cárnica o bacanal vaginal.

La cosa fue así. Mi marido llega a casa con su ejemplar de Playboy y lo deja sobre la mesa, sin disimulo. Fueron las 20 preguntas a Agustina Kampfer (vestida) lo que le llamó la atención y por eso decidió comprarla. No dijo nada del clítoris de Paleo. Como es una publicación que no suelo consultar, cuando me dieron ganas de ir al baño la lleve conmigo. 

La experiencia fue más que interesante; para una feminista que no hace un culto de las axilas pobladas pero se permite recreos entre depilación y depilación, ver todas (T O D A S) vulvas depiladas me indignó un poco. ¡Denunciemos el desmonte femenino muchachas!

Pero volviendo a la exuberancia de Paleo, que no se guarda en esta producción de fotos ni un centímetro de insinuación –hasta se apoya el dedo índice en el borde de la boca, imagínense-, me pregunto qué clase de excitación, que efecto eréctil podrá causar este pequeño bandoneón de piel puesto en primerísimo plano, tan blanco, tan photoshopeado, tan desexualizado, sobre mi marido, sobre todos los maridos?

Fin de la disquisición. Es medianoche y me estoy yendo a dormir. Zapping previo por lo de Fantino, donde un día de estos irá Paleo a mostrarse, aunque ya no le queda nada por mostrar. 

Valeria Sampedro.

viernes, 23 de octubre de 2015

Feminista ¡a tu cocina!

Qué mandato ancestral de sumisión será el que nos devuelve a la cocina. Cómo es que un día aquel lugar del que aprendiste a huir en un acto reflejo de emancipación, de golpe te atrapa. La marca del delantal como estigma. Empoderarse ¿es pedir delivery?


Estoy atravesando un dilema existencial vinculado a mi flamante afición culinaria. Es raro, pero desde hace un tiempo no hago otra cosa que mirar canales gourmet, mi vieja moleskine se llenó de recetas y tips, el super se ha vuelto un paseo de compras, ahora uso sal marina. Ser activista de la lucha por los derechos de las mujeres durante el día y cuando cae la noche un encanto de ama de casa, horneando la cena, no parece aconsejable para una feminista en vías de desarrollo. ¡Si hasta me hice una huerta en el balcón! De pronto convertida en jardinera, mi cilantro, mi romero, mi menta, mi ciboulette.

Huevos rotos, con croutones y rúcula o sopa de calabaza con jengibre (las influencias palermitanas me han vuelto un ser sospechoso frente a la militancia más dura). El problema no tiene que ver con cuál de esos platos me sale mejor -los dos los hago riquísimos- sino con una culpa de género, una sororidad interior que busca rescatarme de la esclavitud del cucharon. La angustia del souflé sin grumos viene a empeorar las cosas en estos días de desasosiego y cuestionamiento permanente. No hay caso. Y me lanzo a picar cebollas, para llorar tranquila sin tener que dar explicaciones a nadie.

Hay algo de síndrome de Estocolmo en haber vuelto, sin que me llamen, al lugar doméstico que rechacé a modo de autodeterminación y libertad apenas descubrir a Olympe de Gouges y Simone de Beauvoir. El patriarcado debe tener que ver con todo esto, estoy segura. No parece casual que la tele se haya llenado de maestros chefs, pretendiendo invertir la carga de la prueba. Basta con hacer un poco de zapping al mediodía, mirar los canales utilísimos o ver el reality de Peluffo para entender que los varones coparon las hornallas. Y a una le da celos, hay que decirlo, verlos condimentar tan sueltos, dando consejos de cómo filetear un lenguado. A ver si encima de todas las batallas que nos falta librar a las mujeres, no tenemos que salir ahora a exigir el cupo femenino en la cocina. Paren muchachos, ese lugar ¡¡es nuestro!!

En plena introspección me asaltan por detrás los brazos de marido hechos abrazo para elogiar las costillitas de cerdo que acaba de comerse. Entendió todo y sabe al pie de la letra cómo desactivar mi remordimiento:

1.  se pone a lavar los platos
2. me tiende “La mano de Marguerite Yourcenar” un libro ¡de recetas! que revela cómo una intelectual que de hecho fue la primera mujer en ingresar a la Academia Francesa era además una excelente cocinera.

Y pregunta, qué vas a querer que te regalemos para el día de la madre, amor? Entonces, el nudo en la garganta se deshace. Lo pienso, lo necesito, no debo. Sé que sería un gravísimo error pedir la minipimer. Me muerdo, no voy a decirlo... No lo digo.


Valeria Sampedro.
(nota publicada en Revista Para Ti 23/10/15)