sábado, 31 de enero de 2015

El porno que nos merecemos!

Sábado a la noche. Consigo dormir a mi hijo antes de caer exhausta, me pego un ducha, dos gotas de perfume, un hilo de crema en las piernas, avanzo decidida hacia el sofá, aunque soy consciente de que cualquier intento disfrazado de babydoll fracasará estrepitosamente con mi marido hipnotizado frente al televisor. Mientras el Chino Maidana se mantenga en pie se que mi tanga, del otro lado del ring, pierde por knock out. Vamos al plan B.
MyLord espera subido al sommiere, con las pilas recargadas. Él y el último episodio de Confesiones triple X, de Erika Lust –la reina del porno feminista.
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Cómo nos merecemos un cine que logre ponernos cachondas sin esos aliens epilépticos que lo único que generan es decepción cada vez que tanteamos los confines de nuestra cama. Basta de mujeres que gimotean desde el minuto uno sin parar; sólo sirven para meter cizaña y obligarnos a fingir.

Algo de eso entendió, hace mucho, Erika Lust. Sueca, 38 años, politóloga especializada en feminismo. Si, una estudiosa del fenómeno, no una pajera que se compró una camarita. “Yo soy feminista y el cine que hago es político: lleva el mensaje de la mujer libre que disfruta de su cuerpo… No es solo una herramienta de placer sino educativa. Y política. La pornografía es un discurso, habla sobre la sexualidad, sobre la feminidad, sobre roles... La mujer en mis películas no es un objeto, ella está ahí para sentir su propio placer. Son historias contadas desde su perspectiva” dice la rubia que, increíblemente, todavía se pone colorada cuando le preguntan si es lujuriosa.

En apenas una década, esta mujer armó un verdadero emporio. Arrancó con un corto (“The good girl”) en el año 2004, que tuvo más de dos millones de descargas en apenas un par de meses. Hoy lleva producidos 7 largometrajes, un documental, y una serie erótica que compila distintas historias, inspiradas en confesiones anónimas de sus fans, que ya va por su tercera edición. Además escribió 5 libros, entre ellos una guía femenina para entender y aprender a disfrutar del cine XXX. Y ya que estaba puso un Store online, donde vende juguetitos, cremas, dvd`s, látigos, lencería y ¡hasta cuadros! Arte hot, anotá Rampolla.

Penes al natural (con papitas noisette)
Erika Lust se propuso deconstruir los estereotipos del género (cinematográfico y sexual). Más flaccideces, menos gemidos histéricos, algo de pelos ¡porDio! y un zoom directo al deseo femenino. Nada de mujeres al servicio del machote pijudo en estas películas, de eso sobra en el porno convencional.
“Sufro bastante en los castings. Los actores de cine porno no están acostumbrados a interpretar un papel. Mi lucha es precisamente sacarlos de ese lugar impostado. La mayoría de las chicas está muy operada, ellos tienen músculos de horas de gimnasio y los looks se vuelven como de plástico. Eso no me gusta. Yo quiero gente normal, con sensación de personas reales. Por ejemplo, si quiero un poco de vello púbico, ¡tengo que encargar pelucas! A la vez es complicado trabajar con actores que no han hecho porno antes y rodar una escena de sexo puede resultar difícil” apunta la directora.

Las feministas más exaltadas se indignaran de que Lust levante su bandera mientras filma cuerpos explotados, pero ella responde con en el concepto de cine que hace y sus condiciones de producción: “contrato actores que realmente quieren estar en el sitio donde están, que tienen todos los papeles en regla y que han pasado los test de enfermedades. Cuando nosotros rodamos hay un ambiente agradable de grabación, no es esa típica sensación –por lo que me han contado muchas actrices– de un mundo de hombres, donde productores y directores incluso invitan a sus amigos para ver a las chicas, o se promueve el uso de fármacos para asegurar la erección o potenciar la eyaculación.”

Feminismo al desnudo
Es hora de decirlo, la militancia se termina a los pies de la cama. Justo ahí, brincando impertinente sobre los resortes del sommiere, el patriarcado sonríe triunfante. Cuando te quedas en bombacha la fantasía vuelve a ser el jefe que te desprende la blusa, el profe de gimnasia que te roza sin querer, la mucamita de uniforme sometida y la nena con trompita Prandi. Calentate imaginando a tu marido con ojos de cordero y esmirriada sumisión, dispuesto a que lo montes en una cabalgata feroz, y te mando a domicilio el diploma Simone de Beauvoir de la buena feminista.

Me quedo con una frase de la enorme Virginie Despentes, en su Teoría KingKong: “Dominio de lo privado, lo que me hace mojar. Porque la imagen que da de mi es incompatible con mi identidad social cotidiana”.

Y conste que esto no tiene nada que ver con las cincuenta sombras de Grey.


Valeria Sampedro.


(*) Los textuales de Erika Lust fueron tomados de entrevistas a la revista Vanity Fair (nov/2012) y El Pais semanal (ago/2013)

miércoles, 7 de enero de 2015

Lola. el show debe continuar

Hubo escenas penosas en la televisión, la semana pasada. Y prometen seguir, mientras no se sepa quién mató a Lola Chomnalez y por qué. La noticia reúne todos los condimentos que permiten alimentar el morbo colectivo y allá fuimos a darles a los espectadores `lo que querían ver`: el lugar de los hechos, corridas, testimonios, periodistas de policiales convertidos en detectives, nuevas hipótesis. Nada que ya no se sepa.

La imagen angelical de una adolescente de familia acomodada, de vacaciones en Uruguay, yendo a leer a la playa. Funde a negro, música incidental, imágenes en diapositiva, el cuerpo semienterrado en la arena, el padrino sospechado. Suficiente material para desplegar el circo mediático. Proliferan invitados, “especialistas”, cualquiera que haya visto u oído algo vale, vecinos, conocidos de la madrina, o de la abuela famosa, el mecánico, el portero de la otra cuadra. No importa el dolor de esa familia, estamos en vivo y somos periodistas, queremos periodistar.

Entre la autocrítica y la vergüenza ajena puedo decir que existen atajos de prudencia, moderados intentos para evitar el mal gusto y no sumar brillos al show. Es un desafío cuando te sientan como entrevistado a un perito que no trabajó en el caso y te piden que estires porque el rating va en ascenso. Pero en ese instante al aire, vos decidís cuando se acabaron las preguntas. ¿Qué si eso alcanza? Es algo.

Probablemente demasiado poco cuando te tapa el tsunami de 24 horas ininterrumpidas en rojo urgente. Y tu único recurso es el ejercicio semántico de restar adjetivos. Tiendo a creer que quienes trabajamos en medios masivos de comunicación tenemos la responsabilidad y el desafío de librar la lucha desde adentro. Con suerte de vez en cuando lograremos meter una nota propia en la agenda y eso, para el gueto que todavía suponen los temas de género, es mucho decir.

Valeria Sampedro.

Este texto fue escrito para una nota colaborativa para el portal Marcha
(http://www.marcha.org.ar/index.php/generos/6307-entre-el-dolor-la-cobertura-del-asesinato-de-lola-un-analisis-necesario-i)

lunes, 22 de diciembre de 2014

¡Qué te pasa Facebook!

Ya veníamos alienados con tanta socialización desparramada por las redes. El afán de tener un millón de amigos virtuales, que todos pongan me gusta a cualquier pavada que se te ocurre compartir, la ventilación de lo doméstico como si a alguien le interesara que estás haciendo cola en un supermercado o que el aire acondicionado no funciona -me estoy tomando un café, el verdulero me vendió un kiwi pasado, buen lunes, y lo más detestable de todo: la proliferación del ingenio en 140 caracteres. Habría que expulsar de Twitter a esos geniecillos virtuales. Sabelotodos.


Cuánta responsabilidad tiene Facebook de esta SecondLife en la que casi todos terminamos metidos. Pionero de la autoindulgencia que habilita sólo pulgares para arriba y nos permite, ante el primer comentario crítico, silenciar a ese sujeto para siempre.

Como si no les alcanzara tener un tentáculo puesto en la ventana de nuestra pequeña vida, resulta que ahora el Face te avisa cuando no estás alcanzando el estándar de una foto publicable.

¡¿Perdón!!? Si, si, que los cráneos de FB están a full desarrollando una herramienta que va a escanear tu imagen para decidir si te favorece la selfie que acabas de sacar o va a incinerarte el perfil. Algo así como evitarte el mal trago de un ´no me gusta´.

El sistema combina tecnologías de inteligencia artificial que permiten distinguir cuándo las imágenes nos hacen “quedar bien” ante la cada vez más importante mirada de los otros. Y atenti, porque en caso de que no respetes el canon fb la máquina te preguntará, mirándote directo a los ojos: “¿Estás realmente seguro de que quieres que tu jefe y tu mamá vean esto?”. Cuando creías que ya estabas bien de terapia, llega feisbuc para recordarte que Él es tu nuevo SuperYo.

No voy a hacer ahora un alegato sobre arquetipos de belleza y parámetros de aceptabilidad del comportamiento social. Aunque sería bien interesante poder discutir con esta gente qué variables cargan en su computadora madre.

Punto aparte y una indignación postergada que viene a cuento de esta peligrosa arbitrariedad de la red social de las Caras y caretas. Hace menos de un mes denuncié a unos pedófilos que publicaban y compartían fotos de adolescentes sub-18 en poses al mejor estilo contratapa del diario Popular. Pibitas en tanga jugando a la bebota sexie. No mucho más, nada menos. Y una sucesión de epígrafes y comentarios  repulsivos. Sin embargo, la respuesta  de Facebook llego unos días después rechazando mi petición. No consideraban que dicha página violara las normas comunitarias de Facebook. Un par de semanas más tarde me borraban del perfil la vagina clausurada con cierre que ilustraba mi nota criticando la campaña Macrisida. Por pornográfica.

Ese es el umbral de lo publicable para Facebook. Mejor, ir por la vereda de enfrente.

Valeria Sampedro.


martes, 16 de diciembre de 2014

Pequeñas esclavas // el flagelo del matrimonio infantil y una muestra en el Museo de Arte Decorativo

Imaginate una nena de seis o siete años. Una nena cualquiera, no importa. Todavía con dientes de leche, aprendiendo a leer, jugando a las muñecas, a la pelota, a lo que sea pero jugando. Imaginate ahora a esa nena en medio de una celebración que le resulta completamente extraña y a un tipo que viene y le dice que a partir de ese momento ella es su esposa.

Debitu, Ghulam, Destaye, Sidaba, Galiyaah, Rajani, Jarita y Nujood son nenas-señoras casadas por la fuerza cuando todavía no habían aprendido ni a jugar a la mamá. Hay de nueve y también de catorce, hay de diecisiete. “Siempre que lo veía me escondía, odiaba verlo” dice Theani (8) sin que haga falta describir su mirada mientras recuerda los primeros días de su matrimonio con Majed, con quien se casó cuando tenía seis años (y el 25).

El riesgo de las aberraciones es que adormecen la capacidad de espanto. La palabra “flagelo” te tira a la mierda cualquier posibilidad de conectarte con ese drama y lo reduce a la categoría de fenómeno documental. Pero ahí  están las 34 fotografías gigantes, dos videos con el testimonio de las chicas y un puñado de datos que con suerte servirán para tener un tema de conversación más profundo en la sobremesa:
-El matrimonio infantil afecta a 1 de cada 3 niñas en los países del Africa subsahariana y Asia meridional.
-Se calcula que unas 40 mil niñas son obligadas a contraer matrimonio cada día
-Si continúa esta práctica, en las próximas dos décadas (hacia el año 2030) se habrán consumado 130 millones de matrimonios  infantiles.

"Demasiado joven para casarse" se llama la exposición que inauguró hace unos días el Museo de Arte Decorativo. La fotógrafa estadounidense Stephanie Sinclair llegó a Afganistán como periodista durante la ocupación del gobierno norteamericano en ese territorio tras el ataque a las Torres Gemelas en 2001; se topó con esta realidad y empezó a retratarla. Estuvo en Nepal, Etiopía, India, Tanzania y llegó hasta Guatemala, donde también está naturalizada la esclavitud de las niñas disfrazada de matrimonio.


Av. Del Libertador 1902, martes a sábado, de 14 a 19, durante el mes de enero y de martes a domingo, en febrero.

Valeria Sampedro.


P.d: Si esta nota te intereso, busca la de Mutilación genital femenina (más abajo en este blog)

viernes, 5 de diciembre de 2014

Mi militancia por un par de tetas (o ser Kate Moss)

Hay que tener la autoestima bien colocada para salir a la calle sin corpiño cuando medis magros 85 cm de contorno superior (y tu cintura pelea por no exceder los 70). Burlarse del push-up no es para cualquiera. No alcanza con la mirada altiva y el andar seguro; es necesario persignarse y  jurar que nunca, NUNCA, vas a caer en la tentación de una cirugía estética. Eso, o envidiar a Karina Jelinek y contratar un personal trainer que te garantice llegar al verano, por lo menos, con un “bikini bridge”.

Acá es donde aparece mi perorata feminista contra los parámetros de belleza que impone la dictadura de la moda, esos esqueletitos subidos a la pasarela y el puñado de nerds tecnológicos que convirtieron al photoshop en el arma de destrucción masiva de este siglo.

Toda esta indignación, por la infeliz idea que tuvo un boliche de Rio Negro (“Híbrido”) de hacer una gran fiesta de fin de año donde la atracción principal es rifar entre las adolescentes que vayan ¡un par de tetas!; “Sorteo de Lolas” dice la tarjeta de invitación que tiene fecha para el 13 de diciembre y de yapa un viaje a Carlos Paz. Insólito y aterrador.

Con el escándalo ya en boca de todos, el organizador del evento salió a promocionar un espectacular show de luces y sonido que tienen preparado. Y minimizó el exabrupto cosificador: "es un anzuelo. No nos metemos ni con los implantes ni con la operación. Sólo entregamos el valor que demanda la operación" dijo circunspecto Angel Mora.

Por supuesto que distintas agrupaciones de mujeres pusieron el grito en el cielo y el Inadi hizo su repudio. "Estamos ante un caso de violencia simbólica. El mensaje de un cuerpo femenino que debe ajustarse a determinados parámetros estéticos es tan riesgoso como violento... hay una banalización del riesgo ya que no se puede sortear un implante mamario como si fuera un electrodoméstico" dijo Julio Accavallo, delegado rionegrino del INADI. Por ahora la cosa no fue mucho más allá y la boobies-party sigue en plena promoción mediática mientras aseguran haber dado de baja la iniciativa.

Lo que me aflige soberanamente, fuera de la provocación del boliche, que aprobó con un sobresaliente la lección Wanda, es que un par de tetas les funcione a esta altura como premio mayor. Y que mientras tanto nuestra durísima lucha antipatriarcal sigua cosechando aplazos.

Valeria Sampedro.

lunes, 24 de noviembre de 2014

La campaña Macrisida

La última ideota PRO la tuvieron los jóvenes macristas cordobeses. Un cinturón de castidad –pleno siglo XXI- para ¡cuidarse del SIDA! Retrógrado y machista, es poco.

Una concha. Completamente depilada.  Sellada con un cierre. Y rematada con un moñito rojo. Si no fuera que se trata de la cinta emblemática de la campaña contra el HIV podríamos pensar todo tipo de cosas horribles detrás de ese afiche perverso, por ejemplo en la burda declaración de amor de una adolescente a su novio al que le “entrega” su vulva virgen. Igualmente desagradable.

Mil interpretaciones se me vienen a la cabeza. Una peor que otra. ¿Qué hace ahí una vagina sin pelos? Si quisieron representar a una nena estamos en problemas. Prefiero pensar que los jóvenes cráneos macristas, tan pacatos ellos, no se animaron a poner en el afiche la vieja y querida concha peluda. Pero más allá de sus pudores, PROmover la abstinencia como método de evitar el contagio es de una ignorancia pasmosa. Y peor aún es que hayan puesto a la mujer como centro de la campaña. Qué tal un gran pene como PROtagonista (depilado también ¡por favor!) cocido en la punta, onda matambre. Si, ya se, hubiera sido otra aberración, aunque por lo menos con igualdad de género.

No se les ocurrió un “PROtegete con PROfiláctico”. Eso hubiera sido re PRO.

Valeria Sampedro.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Recriminaciones de una feminista con mucama.

Eso de que los extremos se tocan. Nada. Que en una sobredosis de Entremujeres de golpe sentí una opresión, el corazón galopando a lo loco, la garganta un nudo. Casi terminaba el test de la buena feminista, todavía mantenía abierta la ventana con la nota esa de las contradicciones femeninas y que nos gustan los tipos machos, pero no machistas, cuando se me aparecieron en pantalla `las 10 claves para encontrar a la mejor empleada doméstica’ y ¡zaz! tuve la revelación: el patriarcado más peligroso se esconde vestido de rosa en las pestañas de los portales femeninos.

El dedo en la llaga. Una catarata de justificaciones se amontona para responder la pregunta ineludible: ¿Se puede ser feminista y tener mucama?

Soy una mujer emancipada; periodista y madre que corre de acá para allá todo el día, chica Dove de axilas impecables y medidas “reales”, la casa, los pibes, la comida, la ropa ¡no doy abasto con todo! Necesito una empleada doméstica. Que sepa coser, que sepa bordar, que vaya a abrir la puerta y se ponga a jugar con mi hijo. Y que cocine, tienda la cama, limpie el baño, saque la basura.

El rinconcito de culpa, ahí donde se aloja mi militancia (por la igualdad de género) hizo que saliera corriendo a contratar una ART apenas se aprobó la ley que amplía los derechos de las trabajadoras de casas particulares y las acerca a la dignidad laboral. Las acerca, bien digo, no sea cosa que adquieran plenos derechos y se pidan médico. Porque es cierto que ahora por lo menos su labor está reconocida y regulada, pero el salario establecido sigue por debajo del mínimo, vital y móvil. O sea..

El ejercicio de la coherencia es algo que deberíamos practicar más seguido. Mientras tanto, mi remordimiento se mantiene intacto. La veo de reojo pasar por detrás mío con el trapo de piso y atino a cerrar el word. Sospecho que está despellejándome ahora mismo, “ay, la señorita es feminista, escribe sobre los derechos de las mujeres pero le tengo que sacar yo los pelos de la rejilla”. La pura verdad.

Más que merecido se tiene el sueldo, aguinaldo, vacaciones pagas y art esta señora a la que le debo mi independencia. Es que la autonomía se vuelve posible sólo si otra mujer viene a lavarte los platos. Por cada mina “liberada” de la rutina doméstica hay otra sometida a un doble esfuerzo. Lo sabemos, no nos hagamos las tontas. Es eso, o arremangarnos.


Pero forcemos la lógica hasta lo inverosímil. Desnudemos del todo la miserabilidad de nuestro enano machista. Ponele que viniera un tipo (un expulsado del sistema, un desempleado, padre de familia, bla bla) a ofrecerse para hacer la tarea doméstica. El señor lava, plancha, cocina y de yapa te arregla el cuerito, por la misma plata. ¿Lo contratarías? Dejame tu número flaco, cualquier cosa te llamo. Si voy a poner mi casa en manos de alguien que sea una mujer. Al fin y al cabo son más responsables y meticulosas.

Valeria Sampedro.