lunes, 2 de julio de 2018

XI. Paseo nocturno


Andaba contrariado esos días. Algo de su capacidad afectiva había empezado a tambalear. Años de experiencia, desamores, un divorcio encima, algún enamoramiento fugaz y por fin una relación sanadora. Qué más podía pedir. Sin embargo un ruido.

Ph. IG: @raichijk_daniel
Los primeros años de esta última pareja habían sido realmente buenos. Y ahora, detectaba una fatiga, nada grave. Además, pensó, ya estaba grande para andar con el corazón a los tumbos. Para taquicardia nada mejor que un control anual con el cardiólogo, largar el pucho y en tal caso retomar terapia. Qué ganas de joder.

Pero la idea de conformarse no lo dejaba dormir. Entonces salía a dar paseos nocturnos, la campera con capucha para esconderse un poco más del mundo. Caminar sin rumbo, hasta que las piernas no dieran más, hasta que la cabeza se callara de una vez.

Una de esas noches, de la nada, pensó en soltar el control. No tengo la más puta idea de hacia dónde ir, pero sé dónde no quiero terminar. Fue hasta un kiosco, pidió prestada una birome y se escribió en el brazo "La vida no es una bitácora de viaje".

Despues volvió a casa, se preparó un café negro, tomó valor y marcó su número. Hola, perdón la hora. Tenemos que hablar.

Valeria Sampedro.
#microhistoriasdeamor

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